Yo y mi bocota
Hoy recapitulando lo que me pasó la noche del viernes pasado he llegado a la lamentable conclusión de que me encanta pelear con los chicos que me gustan. El más reciente caso fue Wolf. A él lo conocí un jueves santo (jueves verde se le dice en alemán). Recuerdo la primera vez que lo vi. Fue talvez hace dos aňos en el BP1. No es normal que dos caballeros con semejantes pintas se aparezcan en este barcito de mala muerte, otrora mi segundo hogar. Los describo a continuación: ambos miden 2m, tienen muy buena pinta, se visten bien, son de apariencia atlética, buenas piernas, buen trasero, llevan el cabello un poco largo a lo James Blunt; el uno rubio, el otro moreno. En dos palabras: parecían modelos. De cara no tenían pinta de ser alemanes. Cuando los vi pensé que eran italianos. Debió ser sobre todo por Frank, el moreno, que además llevaba unos lentes que le quedaban muy bien. La primera vez que los vi estaba yo acompaňada, entonces no me quedaba nada más que admirar sin poder actuar. La segunda vez que los vi fue el jueves santo aquel. Ahí sí tuvimos la oportunidad de hablar. Sobre todo Wolf, la belleza rubia, no dejaba de mirarme. Uy, Dios! Me ponía nerviosa. Como siempre esa vez me tocó a mí acercarme ya que los caballeros no se animaban a dar el primer paso. El moreno me contó que trabajaba en Toulousse para Airbus. Estábamos aburridos en el BP1, entonces ellos sugirieron irnos a otro bar.
Después de esa noche no volví a verlos más, pero me quedé con una muy buena impresión de Wolf. El chico me gustó mucho. La noche del viernes pasado, es decir 4 meses después del jueves santo aquel, decidimos ir al Club du Nord con una amiga. Ahí estaba Wolf, uyuyuy! Esa noche me había puesto mi vestido matador, entonces pensé “esta noche no se me escapa ;-)”. Wolf se dio cuenta inmediatamente de mi presencia. Mi amiga y yo fuimos a la pista y nos pusimos a bailar. Disimuladamente Wolf y su amigo se acercaron a la pista también y se pusieron al lado nuestro así como quien no quiere la cosa. Entre jijiji y jajaja Wolf se voltea hacia mí y me dice con una sonrisa de oreja a oreja “Abend!”. “Hallo!”, le contesté. Todo bien hasta ahí. Entonces comienza a preguntarme muy risueňo:
- Dime una cosa, cuánto mides?
Mal comienzo, pensé. Shit! Ese fue el rompehielo la primera vez que nos conocimos. Esa pregunta suya me demostró que el chico no se acordaba de ese primer encuentro. Eso me dio mucho coraje. Luego prosiguió:
- De dónde eres?
- De Hamburgo! De aquí de Hamburgo! - le dije, ya molesta y con ganas de joderlo un poco.
- Ahá. En qué hospital naciste?
- En AK Barmbek.
- Ah, qué bien! Yo nací en la UK Eppendorf! Cuéntame, qué haces aquí en Hamburgo? Estudias o trabajas?
- Trabajo – le contesté muy escuetamente.
- Oye, - me dice un tanto intrigado - me da la impresión de que ya nos hemos visto antes.
Me le reí, y le dije:
- Sí, así es! Y fíjate que la primera vez me hiciste exactamente las mismas preguntas!
Ante ese tono de reproche mío, el chico se avergonzó bastante y dijo:
- Oh, no! Lo siento. Disculpa. Lo siento de verdad!
- No te preocupes. Con todo esto lo único que logras es ponerte en ridículo!
Yo y mi bocota. Por qué no puedo controlar mi ira, me pregunto yo. Además, qué de malo había en que el chico no se acordara de mí? Me enojó porque todo este tiempo yo había estado deseando volver a encontrármelo, mientras él ni siquiera me alucinaba. Pero si lo analizo con la cabeza fría no tiene nada de malo. Es absurdo tomarlo como una ofensa.
Lamentablemente en ese momento no tuve ninguna cabeza fría y tuve que ponerme como una histérica y ahuyentarlo con mis comentarios negativos. Después de eso dijo que se iba al baňo y no regresó. Como ya lo presentía, me fui también hacia donde mi amiga para evitar el oso de quedarme ahí sola. Cómo fui capaz de regarla así?
Lo arruiné otra vez. Por qué me es tan difícil cerrar la boca? Por qué no puedo hacerme la boba y pretender que todo está bien? Siempre tengo que ser la que tiene la razón. Siempre debo tener una respuesta para todo. “Du machst dich nur lächerlich!”. Puede que en algunos casos yo no sepa qué tan fuerte suena algo cuando lo digo en alemán. Le he contado a mi amiga Córdula que le dije eso a Wolf y me dijo: “No te puedo creer que le hayas dicho eso! Qué fuerte!”. Ahí recién tuve conciencia de mi error. De mi gran boca y mi temperamento fuera de lugar. Si lo que yo quería ese día era vacilar con él, escogí la peor estrategia para lograrlo. Bien se dice por aquí “wer ficken will, muss freundlich sein!”. Cuándo se me meterá eso en el mate? Cuándo?
Después de esa noche no volví a verlos más, pero me quedé con una muy buena impresión de Wolf. El chico me gustó mucho. La noche del viernes pasado, es decir 4 meses después del jueves santo aquel, decidimos ir al Club du Nord con una amiga. Ahí estaba Wolf, uyuyuy! Esa noche me había puesto mi vestido matador, entonces pensé “esta noche no se me escapa ;-)”. Wolf se dio cuenta inmediatamente de mi presencia. Mi amiga y yo fuimos a la pista y nos pusimos a bailar. Disimuladamente Wolf y su amigo se acercaron a la pista también y se pusieron al lado nuestro así como quien no quiere la cosa. Entre jijiji y jajaja Wolf se voltea hacia mí y me dice con una sonrisa de oreja a oreja “Abend!”. “Hallo!”, le contesté. Todo bien hasta ahí. Entonces comienza a preguntarme muy risueňo:
- Dime una cosa, cuánto mides?
Mal comienzo, pensé. Shit! Ese fue el rompehielo la primera vez que nos conocimos. Esa pregunta suya me demostró que el chico no se acordaba de ese primer encuentro. Eso me dio mucho coraje. Luego prosiguió:
- De dónde eres?
- De Hamburgo! De aquí de Hamburgo! - le dije, ya molesta y con ganas de joderlo un poco.
- Ahá. En qué hospital naciste?
- En AK Barmbek.
- Ah, qué bien! Yo nací en la UK Eppendorf! Cuéntame, qué haces aquí en Hamburgo? Estudias o trabajas?
- Trabajo – le contesté muy escuetamente.
- Oye, - me dice un tanto intrigado - me da la impresión de que ya nos hemos visto antes.
Me le reí, y le dije:
- Sí, así es! Y fíjate que la primera vez me hiciste exactamente las mismas preguntas!
Ante ese tono de reproche mío, el chico se avergonzó bastante y dijo:
- Oh, no! Lo siento. Disculpa. Lo siento de verdad!
- No te preocupes. Con todo esto lo único que logras es ponerte en ridículo!
Yo y mi bocota. Por qué no puedo controlar mi ira, me pregunto yo. Además, qué de malo había en que el chico no se acordara de mí? Me enojó porque todo este tiempo yo había estado deseando volver a encontrármelo, mientras él ni siquiera me alucinaba. Pero si lo analizo con la cabeza fría no tiene nada de malo. Es absurdo tomarlo como una ofensa.
Lamentablemente en ese momento no tuve ninguna cabeza fría y tuve que ponerme como una histérica y ahuyentarlo con mis comentarios negativos. Después de eso dijo que se iba al baňo y no regresó. Como ya lo presentía, me fui también hacia donde mi amiga para evitar el oso de quedarme ahí sola. Cómo fui capaz de regarla así?
Lo arruiné otra vez. Por qué me es tan difícil cerrar la boca? Por qué no puedo hacerme la boba y pretender que todo está bien? Siempre tengo que ser la que tiene la razón. Siempre debo tener una respuesta para todo. “Du machst dich nur lächerlich!”. Puede que en algunos casos yo no sepa qué tan fuerte suena algo cuando lo digo en alemán. Le he contado a mi amiga Córdula que le dije eso a Wolf y me dijo: “No te puedo creer que le hayas dicho eso! Qué fuerte!”. Ahí recién tuve conciencia de mi error. De mi gran boca y mi temperamento fuera de lugar. Si lo que yo quería ese día era vacilar con él, escogí la peor estrategia para lograrlo. Bien se dice por aquí “wer ficken will, muss freundlich sein!”. Cuándo se me meterá eso en el mate? Cuándo?

Comentarios
como vas a hacerlo sentir en verguenzaa... quedó como que él siempre usa la mismisima trillada estrategia de conquista, como q no tiene originalidad, y como q tu te cabreaste de eso, hasta como q lo despreciaste
naaah pero de verdac q no es nada original el tipo jajaja no te debes haber perdido de mucho
Aunque después de todo tienes razón, el tipo tampoco es que valía mucho la pena. Eso sí, estaba buenote. Para pasar el rato no hubiera estado mal, no? Qué frívola, jaja!
No es la primera vez que me pasa algo así. Cuándo voy a aprender a cerrar la boca? Creo que necesito un curso de anger-management. En serio!
Un abrazo
Micaela