Cyclassics 2009
Hamburgo, domingo 16 de agosto, 2009, 7am. Día perfecto. Cielo azul sin una sola nube. Temperatura: 12°. Las mejores condiciones para comenzar la carrera. B-)
Ayer tuvo lugar el 14º Cyclassics en Hamburgo. Este evento convoca a competir en las distancias de 55, 100 y 155km a todos los ciclistas tanto aficionados como
profesionales que deseen medir sus fuerzas en una carrera en bicicleta por la ciudad. Este año se inscribieron 22.000 personas en la categoría “jedermann” (traducido al castellano quiere decir “todo el mundo”). Sí, porque cualquier persona puede inscribirse, no importa la edad, raza, contextura física, etc. También hay la categoría “élite”, para la cual esta vez se inscribieron 62 ciclistas profesionales de todo el mundo. Esta es otra de las razones por las que me gusta tanto Hamburgo. Aquí se organizan eventos deportivos para las masas. El Cyclassics es un caso similar al de la maratón. Este año se inscribieron para participar en ella 18.000 personas! Pero a diferencia de la maratón, el Cyclassics exige a sus participantes velocidades mínimas. Para la distancia de 55km la velocidad promedio mínima a alcanzar es de 25km/h; para la de 100km, 26 km/h y para la de 155km; 31 km/h. En cambio en la maratón no hay nada de eso. Los 42km se pueden hacer hasta en 6 horas y media. Es decir, no hay nadie que lo descalifique a uno por ir muy lento. Si se quiere (o mejor dicho si ya las piernas no dan más) se puede llegar caminando a la meta.
Por mi parte me inscribí para correr la distancia de 55km. Toda la semana anterior estuve muy ansiosa debido a este evento. Entre otras cosas por ese miedo a lo desconocido. Era la primera vez que competía en una carrera de ciclismo. Sobre todo estaba intranquila porque recién el jueves logré poner a punto la bicicleta con la que iba a competir. Se trata de una mountain bike que por esas cosas de la vida me regalaron hace unos cuantos años aquí en Hamburgo. Esta bicicleta no tiene velocidades, lo que aumentaba mi ansiedad (vi en la página web que el recorrido de 55km preveía unas cuantas subidas, no muy empinadas, eso sí, a diferencia de las de 100 y 155km).
Como siempre dejo las cosas para el último, estuve leyendo las instrucciones para los participantes recién una semana antes. Entre otras cosas mencionaban que si no mantienen la velocidad promedio mínima establecida los participantes serían descalificados. :( Unos colegas conocedores de estas lides me recomendaron cambiar las llantas de mi bici. Las llantas gruesas y de estrias profundas podrán hacer más cómodo el viaje, pero si uso unas delgadas y sin perfil sería mucho más rápida. Recién el jueves logré cambiar las dichosas llantas. El sábado volví a leer las instrucciones, pero un poco tarde como para poder reaccionar adecuadamente. Recomendaban chequear la noche anterior que todo estuviera en su lugar. El número detrás de la camiseta, el número delante de la bicicleta, el portabotellas bien ajustado. Momento, pensé. Portabotellas? Pero si mi bici no tiene esa vaina! Los organizadores muy amables nos entregaron, junto con los números, un sobrecito con un preparado isotónico y una botella plástica para llevar durante la carrera. Pero dónde más la iba a llevar si no en el portabotellas de la bici. Horror de horrores! A las 10 de la noche del sábado salí a la esquina de mi casa a ver si algún incauto tenía en su bici un portabotellas que pudiera tomar prestado para el evento. Naranjas! Luego llamé a dos amigos que también competirían. No tenían más que su propio portabotellas. Y ahora, quién podrá defenderme?!!! El chapulín colorado no estaba, pero hay que ver que Dios está de mi lado y me perdona ser tan boca abierta. Fui al sótano de mi edificio y ahí sí encontré una bicicleta nuevita de paquete que uno de mis vecinos había guardado. Esta sí tenía portabotellas. Como no sabía si esta persona competiría como yo al día siguiente, decidí esperar hasta las 7am del domingo. Si la bici seguía ahí, era señal de que no competiría. Me desperté a las 6am, desayuné, me alisté y luego bajé al sótano a verificar. En efecto. La bici seguía ahí tal como la noche anterior. Llave en mano saqué el cosito ese para instalarlo en mi bici. Ahora sí no tenía de qué preocuparme. Bueno, eso creía...
Me fui en bici hacia la zona de salida (desde mi casa son sólo 5km). De verdad que era un día espectacular. Cielo azul, sol brillante pero no hacía calor, condiciones ideales! Me topé a muchos de los competidores en la calle dirigiéndose también hacia el punto de encuentro. Eso sí, la mayoría iba en bicicletas de carreras. Yo iba nomás con mi mountain bike como la pariente pobre de la carrera. No era la única tampoco. Pero definitivamente la mayoría tenía bicicletas de carreras muy bacanes.

Poco antes de llegar se me sale la cadena de la bici. Qué mal augurio! No es difícil volver a ponerla, pero hay que detenerse y hacerse a la derecha para hacerlo. Uno pierde la viada. Por eso comencé a tener pánico de que me pasara lo mismo durante la carrera. Me fui a entregar la bolsita con mi ropa, tomé algo de las bebidas isotónicas que estaban ofreciendo, comí medio guineito y entonces me dirigí finalmente a la zona de salida.
Como me inscribí entre las últimas para competir, salí en el último bloque (para la distancia de 55km nos dividieron en tres bloques de salida). Debo confesar que estaba un tanto nerviosa. No tenía idea de si lo lograría. Como no había entrenado...
Espera y espera y al fin pudimos arrancar como a eso de las 8:40 (8:25 estaba estipulado). Hasta acomodarme entre tanta gente necesité unos cuantos minutos. Otra vez mi boca abierta. Estaba manejando por el lado izquierdo hasta que una voz grave me gritó desde atrás “RECHTS FAHREN!”, es decir, ponte a la derecha, hija, que por aquí no has perdido nada. Ahí recordé otra de las instrucciones expresas para la carrera: ir siempre por la derecha. Si alguien le pita a uno toca hacerse inmediatamente a la derecha para darle paso a los conductores más rápidos (el mismo sistema que funciona en las autopistas en toda Alemania, donde por cierto no hay límite de velocidad).
2 km después de la salida se me vuelve a salir la cadena. Oh, nein! Me subí a la vereda a ponerla. Seguí. Unos cuantos metros después, otra vez se salió la condenada! Snif! Por qué a mí? La volví a poner y elevé mis plegarias al cielo para que no se me volviera a salir. BITTE NICHT, BITTE NICHT!!! Parece que Dios me escuchó o la bicicleta decidió por su cuenta portarse bien, porque en todo el resto de la carrera no se volvió a salir la cadenita. Uf!
Con excepción de esos inconvenientes la carrera fue muy agradable. Sólo al comienzo se me hizo difícil alcanzar buena velocidad. No tenía tacómetro así que no tenía ni idea de si llevaba los 25km/h mínimos. Siguiendo los consejos de mis colegas, traté de acoplarme a algún grupo asumiendo que ellos serían lo suficientemente rápidos. Una vez que pasé los 33km me sentí bastante confiada de que lo lograría. Pero precisamente después de eso fue que tocaban las subidas más complicadas. Me costaron un poco, sobre todo porque mi bici no tiene velocidades. Pero eso no es nada. Vi a muchos otros con bicis de carreras que tuvieron que empujarlas al no poder subir pedaleando (es decir, no depende necesariamente de la bici sino del conductor, jeje). Yo seguí y seguí. Pasé por el puerto. Vi al Elbe y pensé, qué lindo es este río, ahhh. Zurück ins Rennen. Dale y dale. 10km antes de llegar hay letreritos indicando los kilómetros faltantes. Veía 7km y decía, sólo falta una vuelta al Alster. Veía 4km y decía sólo falta una vuelta al Stadtpark. Veía 2km y me puse un poco sensible por la emoción. Casi me desato en llanto. Pensé en mi familia, snif! Pero luego pensé “concéntrate, hija!; primero termina la carrera y luego lloras, ya?”, jaja! Al ver 2km me dije “ENDSPURT JETZT” entonces traté de ir más rápido para lograr un mejor tiempo. 1km antes de la meta había mucha gente congregada avivándonos, lo cual daba más ánimos para acelerar. Una vez alcanzada la meta nos tocó seguir de largo, no vayan a acumularse las bicicletas e irse una encima de otra y ocasionar accidentes. Después de llegar eché de menos ese recibimiento que había en la maratón. En ella hay niños esperándonos después de la línea de llegada que nos reciben, nos dicen “felicitaciones!” y nos ponen nuestra medallita al cuello. Acá naranjas de esto. Tuvimos que ir directito a unas mesas para entregar el transponder y recibir nuestras medallas en una fundita. Qué falta de glamour! Muy impersonal el recibimiento. Pero ya. Lo que importa es que lo logré. Después de eso estaba super agotada. Por demás sudada. Tenía la cara blanca por el sudor seco. Muy amables los organizadores pusieron a nuestra disposición masajistas después de la carrera. Me fui a hacer cola para que me masajearan mis piernitas. Ay, qué rico! En ese mismo rato estaban publicando los resultados para que los participantes conocieran sus tiempos, pero yo estaba muy cansada y preferí regresarme a la casa nomás. El día seguía espectacular así que decidí ir a tumbarme al césped del Stadtpark a tomar un poco de sol. Por la noche verifiqué en internet mis resultados. 2 horas 12 minutos y una velocidad promedio de 25,9 km/h. Con las justas sobre la velocidad mínima permitida, oígame! Y eso que me esforcé, eh? Sobre todo al final.
Se siente muy bien esa satisfacción del deber cumplido. Ahora de las competencias grandes que organizan en Hamburgo sólo me falta participar en la triatlón, jaja! Esa sí va estar bien fregada.
PS: la misma noche del domingo regresé el portabotellas prestado a su bicicleta original. ;-) Con un poco de temor de ser descubierta in fraganti, jeje.
Ayer tuvo lugar el 14º Cyclassics en Hamburgo. Este evento convoca a competir en las distancias de 55, 100 y 155km a todos los ciclistas tanto aficionados como
profesionales que deseen medir sus fuerzas en una carrera en bicicleta por la ciudad. Este año se inscribieron 22.000 personas en la categoría “jedermann” (traducido al castellano quiere decir “todo el mundo”). Sí, porque cualquier persona puede inscribirse, no importa la edad, raza, contextura física, etc. También hay la categoría “élite”, para la cual esta vez se inscribieron 62 ciclistas profesionales de todo el mundo. Esta es otra de las razones por las que me gusta tanto Hamburgo. Aquí se organizan eventos deportivos para las masas. El Cyclassics es un caso similar al de la maratón. Este año se inscribieron para participar en ella 18.000 personas! Pero a diferencia de la maratón, el Cyclassics exige a sus participantes velocidades mínimas. Para la distancia de 55km la velocidad promedio mínima a alcanzar es de 25km/h; para la de 100km, 26 km/h y para la de 155km; 31 km/h. En cambio en la maratón no hay nada de eso. Los 42km se pueden hacer hasta en 6 horas y media. Es decir, no hay nadie que lo descalifique a uno por ir muy lento. Si se quiere (o mejor dicho si ya las piernas no dan más) se puede llegar caminando a la meta.Por mi parte me inscribí para correr la distancia de 55km. Toda la semana anterior estuve muy ansiosa debido a este evento. Entre otras cosas por ese miedo a lo desconocido. Era la primera vez que competía en una carrera de ciclismo. Sobre todo estaba intranquila porque recién el jueves logré poner a punto la bicicleta con la que iba a competir. Se trata de una mountain bike que por esas cosas de la vida me regalaron hace unos cuantos años aquí en Hamburgo. Esta bicicleta no tiene velocidades, lo que aumentaba mi ansiedad (vi en la página web que el recorrido de 55km preveía unas cuantas subidas, no muy empinadas, eso sí, a diferencia de las de 100 y 155km).

Como siempre dejo las cosas para el último, estuve leyendo las instrucciones para los participantes recién una semana antes. Entre otras cosas mencionaban que si no mantienen la velocidad promedio mínima establecida los participantes serían descalificados. :( Unos colegas conocedores de estas lides me recomendaron cambiar las llantas de mi bici. Las llantas gruesas y de estrias profundas podrán hacer más cómodo el viaje, pero si uso unas delgadas y sin perfil sería mucho más rápida. Recién el jueves logré cambiar las dichosas llantas. El sábado volví a leer las instrucciones, pero un poco tarde como para poder reaccionar adecuadamente. Recomendaban chequear la noche anterior que todo estuviera en su lugar. El número detrás de la camiseta, el número delante de la bicicleta, el portabotellas bien ajustado. Momento, pensé. Portabotellas? Pero si mi bici no tiene esa vaina! Los organizadores muy amables nos entregaron, junto con los números, un sobrecito con un preparado isotónico y una botella plástica para llevar durante la carrera. Pero dónde más la iba a llevar si no en el portabotellas de la bici. Horror de horrores! A las 10 de la noche del sábado salí a la esquina de mi casa a ver si algún incauto tenía en su bici un portabotellas que pudiera tomar prestado para el evento. Naranjas! Luego llamé a dos amigos que también competirían. No tenían más que su propio portabotellas. Y ahora, quién podrá defenderme?!!! El chapulín colorado no estaba, pero hay que ver que Dios está de mi lado y me perdona ser tan boca abierta. Fui al sótano de mi edificio y ahí sí encontré una bicicleta nuevita de paquete que uno de mis vecinos había guardado. Esta sí tenía portabotellas. Como no sabía si esta persona competiría como yo al día siguiente, decidí esperar hasta las 7am del domingo. Si la bici seguía ahí, era señal de que no competiría. Me desperté a las 6am, desayuné, me alisté y luego bajé al sótano a verificar. En efecto. La bici seguía ahí tal como la noche anterior. Llave en mano saqué el cosito ese para instalarlo en mi bici. Ahora sí no tenía de qué preocuparme. Bueno, eso creía...
Me fui en bici hacia la zona de salida (desde mi casa son sólo 5km). De verdad que era un día espectacular. Cielo azul, sol brillante pero no hacía calor, condiciones ideales! Me topé a muchos de los competidores en la calle dirigiéndose también hacia el punto de encuentro. Eso sí, la mayoría iba en bicicletas de carreras. Yo iba nomás con mi mountain bike como la pariente pobre de la carrera. No era la única tampoco. Pero definitivamente la mayoría tenía bicicletas de carreras muy bacanes.

Poco antes de llegar se me sale la cadena de la bici. Qué mal augurio! No es difícil volver a ponerla, pero hay que detenerse y hacerse a la derecha para hacerlo. Uno pierde la viada. Por eso comencé a tener pánico de que me pasara lo mismo durante la carrera. Me fui a entregar la bolsita con mi ropa, tomé algo de las bebidas isotónicas que estaban ofreciendo, comí medio guineito y entonces me dirigí finalmente a la zona de salida.
Como me inscribí entre las últimas para competir, salí en el último bloque (para la distancia de 55km nos dividieron en tres bloques de salida). Debo confesar que estaba un tanto nerviosa. No tenía idea de si lo lograría. Como no había entrenado...
Espera y espera y al fin pudimos arrancar como a eso de las 8:40 (8:25 estaba estipulado). Hasta acomodarme entre tanta gente necesité unos cuantos minutos. Otra vez mi boca abierta. Estaba manejando por el lado izquierdo hasta que una voz grave me gritó desde atrás “RECHTS FAHREN!”, es decir, ponte a la derecha, hija, que por aquí no has perdido nada. Ahí recordé otra de las instrucciones expresas para la carrera: ir siempre por la derecha. Si alguien le pita a uno toca hacerse inmediatamente a la derecha para darle paso a los conductores más rápidos (el mismo sistema que funciona en las autopistas en toda Alemania, donde por cierto no hay límite de velocidad).
2 km después de la salida se me vuelve a salir la cadena. Oh, nein! Me subí a la vereda a ponerla. Seguí. Unos cuantos metros después, otra vez se salió la condenada! Snif! Por qué a mí? La volví a poner y elevé mis plegarias al cielo para que no se me volviera a salir. BITTE NICHT, BITTE NICHT!!! Parece que Dios me escuchó o la bicicleta decidió por su cuenta portarse bien, porque en todo el resto de la carrera no se volvió a salir la cadenita. Uf!
Con excepción de esos inconvenientes la carrera fue muy agradable. Sólo al comienzo se me hizo difícil alcanzar buena velocidad. No tenía tacómetro así que no tenía ni idea de si llevaba los 25km/h mínimos. Siguiendo los consejos de mis colegas, traté de acoplarme a algún grupo asumiendo que ellos serían lo suficientemente rápidos. Una vez que pasé los 33km me sentí bastante confiada de que lo lograría. Pero precisamente después de eso fue que tocaban las subidas más complicadas. Me costaron un poco, sobre todo porque mi bici no tiene velocidades. Pero eso no es nada. Vi a muchos otros con bicis de carreras que tuvieron que empujarlas al no poder subir pedaleando (es decir, no depende necesariamente de la bici sino del conductor, jeje). Yo seguí y seguí. Pasé por el puerto. Vi al Elbe y pensé, qué lindo es este río, ahhh. Zurück ins Rennen. Dale y dale. 10km antes de llegar hay letreritos indicando los kilómetros faltantes. Veía 7km y decía, sólo falta una vuelta al Alster. Veía 4km y decía sólo falta una vuelta al Stadtpark. Veía 2km y me puse un poco sensible por la emoción. Casi me desato en llanto. Pensé en mi familia, snif! Pero luego pensé “concéntrate, hija!; primero termina la carrera y luego lloras, ya?”, jaja! Al ver 2km me dije “ENDSPURT JETZT” entonces traté de ir más rápido para lograr un mejor tiempo. 1km antes de la meta había mucha gente congregada avivándonos, lo cual daba más ánimos para acelerar. Una vez alcanzada la meta nos tocó seguir de largo, no vayan a acumularse las bicicletas e irse una encima de otra y ocasionar accidentes. Después de llegar eché de menos ese recibimiento que había en la maratón. En ella hay niños esperándonos después de la línea de llegada que nos reciben, nos dicen “felicitaciones!” y nos ponen nuestra medallita al cuello. Acá naranjas de esto. Tuvimos que ir directito a unas mesas para entregar el transponder y recibir nuestras medallas en una fundita. Qué falta de glamour! Muy impersonal el recibimiento. Pero ya. Lo que importa es que lo logré. Después de eso estaba super agotada. Por demás sudada. Tenía la cara blanca por el sudor seco. Muy amables los organizadores pusieron a nuestra disposición masajistas después de la carrera. Me fui a hacer cola para que me masajearan mis piernitas. Ay, qué rico! En ese mismo rato estaban publicando los resultados para que los participantes conocieran sus tiempos, pero yo estaba muy cansada y preferí regresarme a la casa nomás. El día seguía espectacular así que decidí ir a tumbarme al césped del Stadtpark a tomar un poco de sol. Por la noche verifiqué en internet mis resultados. 2 horas 12 minutos y una velocidad promedio de 25,9 km/h. Con las justas sobre la velocidad mínima permitida, oígame! Y eso que me esforcé, eh? Sobre todo al final.
Se siente muy bien esa satisfacción del deber cumplido. Ahora de las competencias grandes que organizan en Hamburgo sólo me falta participar en la triatlón, jaja! Esa sí va estar bien fregada.
PS: la misma noche del domingo regresé el portabotellas prestado a su bicicleta original. ;-) Con un poco de temor de ser descubierta in fraganti, jeje.

Comentarios
FELICIDADES POR TREMENDO ESFUERZO YPOR TU MEDALLITA EN FUNDA...
CON TODAS LA PERIPECIAS PASADAS...ERES LA GANADORA...
Fue muy chévere la carrera. Sería increíble si organizaran esa clase de eventos en Guayaquil. Así se fomenta el deporte entre las masas. Que todo el que quiera pueda competir. Me quito el sombrero ante los organizadores de estos eventos.
Un abrazo
Micaela