Esa cosa blanca
Todos estaban contentísimos creyendo que el invierno había finalizado. El fin de semana pasado llovió bastante y la temperatura subió un poco. Toda la nieve y el hielo acumulados en las calles desde hace semanas lograron derretirse. Al fin estaban las calles libres. Lo único que quedaba eran las piedritas que echaban para que la gente no se resbalara. Gracias a eso ya se podía salir a andar en bicicleta. El lunes se acabó la lluvia e incluso comenzó a salir el sol. La gente adquirió inmediatamente un espíritu primaveral. “Llegó la primavera!” me decían entusiasmados muchos colegas. Nones. El invierno nos amagó. Se trataba solamente de una pequeňa pausa. La noche del viernes comenzó nuevamente a nevar. Es sorprendente que solo basten unas cuantas horas para que las calles se llenen completamente de esa maravilla blanca. Ya pueden imaginarse la congestión vehicular que eso ocasiona.
En mi ignorancia no sabía por qué el simbolito de la nieve era como era. Gracias a este invierno y lo frecuente de las nevadas he podido apreciar lo perfectamente simétricos que son los cristales de nieve.
Con todo y nieve igual me aventuro a salir de parranda por la noche. Anoche no vi a uno sino a varios resbalarse y caer. El amigo con el que salí se pegó una de esas caídas magistrales (se cayó de espaldas y pegó un estruendo que pensamos que se había roto algo). Yo por suerte regresé invicta a casa. Varias veces me resbalé pero no caí.
Para mi sorpresa había bastante movimiento en las calles. La gente no se deja amedrentar por el frío.
Hoy por la tarde salí a dar una vuelta (a tomar nubes en lugar de tomar sol). Subestimé el frío que estaba haciendo. Las botas con las que salgo no son adecuadas para la nieve. El frío entra sin ningún problema y mis pies se congelan. Tuve que regresar a casa apenas una hora después
Ahora estoy disfrutando de la calidez del hogar. Este es en verdad el invierno más fuerte que he vivido en Alemania hasta ahora.
En mi ignorancia no sabía por qué el simbolito de la nieve era como era. Gracias a este invierno y lo frecuente de las nevadas he podido apreciar lo perfectamente simétricos que son los cristales de nieve.
Con todo y nieve igual me aventuro a salir de parranda por la noche. Anoche no vi a uno sino a varios resbalarse y caer. El amigo con el que salí se pegó una de esas caídas magistrales (se cayó de espaldas y pegó un estruendo que pensamos que se había roto algo). Yo por suerte regresé invicta a casa. Varias veces me resbalé pero no caí.
Para mi sorpresa había bastante movimiento en las calles. La gente no se deja amedrentar por el frío.
Hoy por la tarde salí a dar una vuelta (a tomar nubes en lugar de tomar sol). Subestimé el frío que estaba haciendo. Las botas con las que salgo no son adecuadas para la nieve. El frío entra sin ningún problema y mis pies se congelan. Tuve que regresar a casa apenas una hora después
Ahora estoy disfrutando de la calidez del hogar. Este es en verdad el invierno más fuerte que he vivido en Alemania hasta ahora.

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