De nieve, playa, gripe y otras cosas
Salí de mi querida Hamburgo con -7⁰. Llegué 20 horas después a mi Guayaquil querida donde a las 21:00 hacían 30⁰.
El pasado jueves tomé el bus nocturno a la vuelta de la esquina de mi casa a las 4:30. Arrastré las maletas en medio de la nieve. Tuve suerte después de todo. Esta semana, justo después de yo haber abandonado el viejo continente, se ha desatado un caos sin igual en los aeropuertos de Europa por la nieve. En los de Hamburgo, Frankfurt, Amsterdam, Heathrow y Gatwick en Londres entre otros se han cancelado muchos vuelos. La semana antes de venir el panorama en Hamburgo era divino. El martes de la semana anterior a mi viaje me sorprendió la belleza del paisaje de camino al trabajo. Salí de la estación de metro y me topé con un paisaje de postal. Todo blanco, de ensueño.
Este lunes me pegué un viaje relámpago a Montañita. Para mi desgracia tuve que regresarme al día siguiente porque me enfermé. Tengo un trancazo que me ha tumbado. No recuerdo haberme enfermado así desde hace mucho tiempo. Fiebre alta, dolor de cabeza, malestar corporal. Fatal. Gracias a mi genialidad la situación empeoró. Me desperté el martes con un fuerte dolor de garganta. Mi cuerpo ya estaba dando señales de que algo andaba mal. No me importó nada. Yo quería a como diera lugar tomar mi clasecita de surf. Y así lo hice. Mientras el mar me maltrataba, la cabeza me reventaba del dolor. Yo asumía que era por la falta de líquidos. Hice una pausa, tomé algo de cola y luego proseguí. ¡Qué manera de tragar agua! Sí me fue bien, pero no lo pude disfrutar porque la cabeza estaba a punto de explotar. Ya que los síntomas empeoraban, decidí que era mejor regresar a casa.
Veo cambiada a Guayaquil. Cuando manejaba de regreso al manso desde la playa noté algunos edificios nuevos durante mi recorrido. Lo que sí no ha cambiado para nada es el tráfico vehicular ni la manera de conducir de la gente, todos muy respetuosos de las leyes de tránsito. Yo tampoco es que sea la conductora ejemplar. Alejandra estaba preocupada porque en la vía a la costa yo aceleraba sin piedad. Una vez que uno maneja sin límite de velocidad por las carreteras alemanas nada vuelve a ser igual.
Lamentablemente lo peor estaba aún por venir. Los dos días posteriores a mi regreso fueron un martirio. No podía dormir bien, tenía una fiebre altísima, todo el cuerpo me dolía. A eso súmele las agujetas que tenía por el surf. Quién me manda a hacer cosas de hombres me decía mi tía. ¿?
Ahora estoy mejor, preciso para recibir al niño Dios. Me alegro mucho por eso. Son las 17:50. Falta poco para que sea Navidad en Alemania. Mis mejores deseos para toda la people por allá. Y lo mismo por acá.
Si hay algo que extraño de Hamburgo este día es la misa del gallo. En las iglesias siempre hay orquesta y coro. Y la canción con la que se abre la misa es “Oh lasset uns anbeten” (en español “Venid adoremos”).
Frohe Weihnachten!
El pasado jueves tomé el bus nocturno a la vuelta de la esquina de mi casa a las 4:30. Arrastré las maletas en medio de la nieve. Tuve suerte después de todo. Esta semana, justo después de yo haber abandonado el viejo continente, se ha desatado un caos sin igual en los aeropuertos de Europa por la nieve. En los de Hamburgo, Frankfurt, Amsterdam, Heathrow y Gatwick en Londres entre otros se han cancelado muchos vuelos. La semana antes de venir el panorama en Hamburgo era divino. El martes de la semana anterior a mi viaje me sorprendió la belleza del paisaje de camino al trabajo. Salí de la estación de metro y me topé con un paisaje de postal. Todo blanco, de ensueño.
Este lunes me pegué un viaje relámpago a Montañita. Para mi desgracia tuve que regresarme al día siguiente porque me enfermé. Tengo un trancazo que me ha tumbado. No recuerdo haberme enfermado así desde hace mucho tiempo. Fiebre alta, dolor de cabeza, malestar corporal. Fatal. Gracias a mi genialidad la situación empeoró. Me desperté el martes con un fuerte dolor de garganta. Mi cuerpo ya estaba dando señales de que algo andaba mal. No me importó nada. Yo quería a como diera lugar tomar mi clasecita de surf. Y así lo hice. Mientras el mar me maltrataba, la cabeza me reventaba del dolor. Yo asumía que era por la falta de líquidos. Hice una pausa, tomé algo de cola y luego proseguí. ¡Qué manera de tragar agua! Sí me fue bien, pero no lo pude disfrutar porque la cabeza estaba a punto de explotar. Ya que los síntomas empeoraban, decidí que era mejor regresar a casa.
Veo cambiada a Guayaquil. Cuando manejaba de regreso al manso desde la playa noté algunos edificios nuevos durante mi recorrido. Lo que sí no ha cambiado para nada es el tráfico vehicular ni la manera de conducir de la gente, todos muy respetuosos de las leyes de tránsito. Yo tampoco es que sea la conductora ejemplar. Alejandra estaba preocupada porque en la vía a la costa yo aceleraba sin piedad. Una vez que uno maneja sin límite de velocidad por las carreteras alemanas nada vuelve a ser igual.
Lamentablemente lo peor estaba aún por venir. Los dos días posteriores a mi regreso fueron un martirio. No podía dormir bien, tenía una fiebre altísima, todo el cuerpo me dolía. A eso súmele las agujetas que tenía por el surf. Quién me manda a hacer cosas de hombres me decía mi tía. ¿?
Ahora estoy mejor, preciso para recibir al niño Dios. Me alegro mucho por eso. Son las 17:50. Falta poco para que sea Navidad en Alemania. Mis mejores deseos para toda la people por allá. Y lo mismo por acá.
Si hay algo que extraño de Hamburgo este día es la misa del gallo. En las iglesias siempre hay orquesta y coro. Y la canción con la que se abre la misa es “Oh lasset uns anbeten” (en español “Venid adoremos”).
Frohe Weihnachten!

Comentarios
no hay limite de velocidad en las autobahn? eso ha de ser bacan ver ferrari y mercedes volando
Liebe Grüße