EL CEMENTERIO DE ZALAMPE

Este post es un email que mi tío Manuel nos escribió con motivo del día de los fieles difuntos

El 1 de noviembre me fui a la finca. Como saben he comenzado mi metamorfosis de citadino a campirano. Se empezó a desbrozar la finca para hacer un sembrío de balsa. Dicen que el precio actual es muy atractivo, que cada hectárea produce 25.000 dólares. A los 4 años me dicen que ya es productivo. Será cierta tanta maravilla?
Primero mi hija abogada está tratando de desenredar legalmente los embrollos de linderos y propiedad.

Me pidieron que los acompañe al cementerio y me impactó. Como era víspera del día de los difuntos estaba recién desbrozado de malezas, se estaban pintando las tumbas y comencé a recorrer. Me acordé de mi niñez cuando acompañaba a mi padre en sus labores de constructor de tumbas. Recordaba como Cecilia por estos días con tarro de pintura en mano daba servicios de pintura de letras y cruces.

Es un cementerio muy pobre pero íntimo. Todos los usuarios son del barrio. Son amigos, parientes, vecinos, conocidos; no hay cabida para extraños. No hay orden ni planificación. Todo avanza como la muerte llega. Los más pobres hacen su hueco, ponen su muerto y una cruz de palo. No hay tiempo de poner el nombre completo, sólo iniciales y me imagino que el recuerdo dura lo que la madera dura. Cuando la cruz se pudre, se terminó el recuerdo. Así de natural. Lo que me llamó la atención fue la tumba más bonita, sencilla, con una excelente proporción, sencillamente hermosa, con fecha del año 49. Era un acto de amor. En la lápida decía "recuerdo de tu hermano Ángel". Era la tumba de su hermana Concepción, la única que le quedaba. Luego vi la tumba de mi hermano Carlos, la de Carlina, la de mi abuela Mercedes, las que los Borja se han llevado (los que han emigrado a la ciudad también cargan con su muerto; se ven los huecos vacíos). La cruz mayor también es obra de mi padre. Viendo todo esto pensé que a él le hubiese gustado estar aquí con su gente, sus amigos. A todos ellos a los que les puso un nuevo nombre: compa ilaca, los come echado, los Litardo, los Portilla, los Borja, los Valarezo, los Págalo. En cada tumba me imaginaba a algunos conocidos y preguntaba por los ausentes.

Néstor estaba arreglando la tumba de su hijo. Han pasado 3 años y aún no se repone y luego de esto aparece en escena Leonardo Aumala a poner flores a la abuela y demás deudos. Estaba la pavona que ya no se puede ni bajar del carro (pesa creo yo más de 300 libras; su presencia me bajó de mi estado de asombro).

Luego regresé a Guayaquil. Me fui al Parque de la Paz a visitar a mis padres. Aquí todo es ordenadito. Hasta el dolor se ve en orden. Pero en mi adentro me dije "todo será muy bonito, pero le habrá gustado a Angelito estar aquí o con su gallada?".
Le conté a Verito y me dijo que a ella le gustaría ir, así que ayer regresé al cementerio con ella y Gabriel para que vean sus raíces. Me fui hasta Echeandía, fuimos al cementerio a ver mucha parentela. Y aquí estoy hoy para empezar a trabajar.

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