Cross table dinner
Ayer estuve en una cross table dinner organizada por la plataforma XING ("crossing"). La idea del cross table me parece muy buena. Eligieron esta vez para el evento un restaurante sirio. Una maravilla. La comida siria es sencillamente deliciosa. Para la entrada nos sirvieron muchos platitos con diversas salsitas que se podían degustar con pan pita.
El cross table dinner consiste en deleitar cada uno de los platos (entrada, plato principal y postre) en mesas diferentes y con personas diferentes cada vez. Osea algo así como una cita a ciegas masiva. Llegué a conocer un total de 15 personas anoche. Conocí a una actriz que hace coaching para presentación personal, a un griego informático, a un diseñador de jardines de infantes, a una terapeuta que trata a personas con ADHS, a una doctora quimicofarmacéutica, a un asesor financiero para hipotecas, a una tecnológa en alimentos y así por el estilo. Cada quien con las profesiones que uno menos se podría imaginar. Para los dos primeros platos nos dieron sólo una hora, respectivamente. 5 minutos antes del final de la hora tocaban una campanita para anunciar el cambio de mesa. Para el postre podía uno quedarse sentado en la misma mesa por el resto de la noche.
Lo más resaltable de la velada fuera de la comida, que se llevó el primer lugar, fue un fulano que conocí. Se emocionó cuando le dije que trabajaba en Conergy. Resulta que conocía la empresa porque hace un anyo cuando entramos en crisis él había estado trabajando de asesor en Ernst&Young y llegó a conocer nuestra situación. Al final asesores de E&Y estuvieron trabajando a partir de noviembre 07 para nosotros (él dejó la empresa antes de eso). Lo primero que se me ocurrió decirle es que desearía trabajar de asesora, porque a uno le pagan no sé cuántos miles de euros al día para que al final la empresa asesorada siga patas arriba. Me explicó que para lograr reestructurar una empresa, y mucho más una como la mía con Hans-Martin Rüter como gerente fundador, se necesitan mínimo unos cuatro anyos. Generalmente la labor que realizan los asesores comenzada la crisis es tranquilizar a los bancos, que son los que más presionan por la falta de liquidez. Entonces era ilusorio de parte de nosotros como empleados esperar que tras los primeros meses de asesoría la empresa ya tuviera una estructura organizacional que nos brindara un poco de transparencia. Un anyo después del sacudón seguimos siendo un manicomio en mi empresa, sin exagerar. La ventaja es que no nos podemos quejar de aburrimiento. Siempre hay algo qué hacer...
Fuera de los comentarios que hizo de mi empresa me llamó mucha la atención que este hombre, ante mi crítica a la frialdad de la gente de aquí, admitió ese talón de aquiles de los hamburgueses (no es el primero; creo que ellos están muy concientes de lo arrogantes y quemeimportistas que son) y nos dio unas cuantas causas de este comportamiento. La gente por lo general no es feliz. Ellos no son como los espanyoles que habitualmente después del trabajo se van a tomar su chelita con sus panas. Viven quejándose del mal sueldo que tienen, de lo feo del clima, de las injusticias de las que son víctimas (!). No son felices y es por eso que van por la calle a lo suyo y les importa un comino si al bajarse del metro un pasante se cae de narices en el andén (le pasan encima si es posible). No saludan. Están siempre con unas carazas. Si como peatón te pasas el semáforo en rojo te llaman la atención (ahí sí meten la bocota; para reganyar). No me había puesto a pensar en eso, pero es una muy buena explicación. Me preguntó si mis colegas también andaban siempre de mal humor y me dejó pensando. La verdad es que no. Tengo que la suerte de que en mi empresa estamos casi siempre de buen ánimo. Y yo creo que eso se debe al maravilloso edificio en el que trabajamos.
El disenyo de las oficinas influye directamente en el rendimiento de los empleados (ya había yo leído eso en alguna parte). En el caso de mi empresa influye en el estado de ánimo, porque en el rendimiento naranjas. Fuimos y seguimos siendo un manicomio con o sin Hans-Martin...
El cross table dinner consiste en deleitar cada uno de los platos (entrada, plato principal y postre) en mesas diferentes y con personas diferentes cada vez. Osea algo así como una cita a ciegas masiva. Llegué a conocer un total de 15 personas anoche. Conocí a una actriz que hace coaching para presentación personal, a un griego informático, a un diseñador de jardines de infantes, a una terapeuta que trata a personas con ADHS, a una doctora quimicofarmacéutica, a un asesor financiero para hipotecas, a una tecnológa en alimentos y así por el estilo. Cada quien con las profesiones que uno menos se podría imaginar. Para los dos primeros platos nos dieron sólo una hora, respectivamente. 5 minutos antes del final de la hora tocaban una campanita para anunciar el cambio de mesa. Para el postre podía uno quedarse sentado en la misma mesa por el resto de la noche.Lo más resaltable de la velada fuera de la comida, que se llevó el primer lugar, fue un fulano que conocí. Se emocionó cuando le dije que trabajaba en Conergy. Resulta que conocía la empresa porque hace un anyo cuando entramos en crisis él había estado trabajando de asesor en Ernst&Young y llegó a conocer nuestra situación. Al final asesores de E&Y estuvieron trabajando a partir de noviembre 07 para nosotros (él dejó la empresa antes de eso). Lo primero que se me ocurrió decirle es que desearía trabajar de asesora, porque a uno le pagan no sé cuántos miles de euros al día para que al final la empresa asesorada siga patas arriba. Me explicó que para lograr reestructurar una empresa, y mucho más una como la mía con Hans-Martin Rüter como gerente fundador, se necesitan mínimo unos cuatro anyos. Generalmente la labor que realizan los asesores comenzada la crisis es tranquilizar a los bancos, que son los que más presionan por la falta de liquidez. Entonces era ilusorio de parte de nosotros como empleados esperar que tras los primeros meses de asesoría la empresa ya tuviera una estructura organizacional que nos brindara un poco de transparencia. Un anyo después del sacudón seguimos siendo un manicomio en mi empresa, sin exagerar. La ventaja es que no nos podemos quejar de aburrimiento. Siempre hay algo qué hacer...
Fuera de los comentarios que hizo de mi empresa me llamó mucha la atención que este hombre, ante mi crítica a la frialdad de la gente de aquí, admitió ese talón de aquiles de los hamburgueses (no es el primero; creo que ellos están muy concientes de lo arrogantes y quemeimportistas que son) y nos dio unas cuantas causas de este comportamiento. La gente por lo general no es feliz. Ellos no son como los espanyoles que habitualmente después del trabajo se van a tomar su chelita con sus panas. Viven quejándose del mal sueldo que tienen, de lo feo del clima, de las injusticias de las que son víctimas (!). No son felices y es por eso que van por la calle a lo suyo y les importa un comino si al bajarse del metro un pasante se cae de narices en el andén (le pasan encima si es posible). No saludan. Están siempre con unas carazas. Si como peatón te pasas el semáforo en rojo te llaman la atención (ahí sí meten la bocota; para reganyar). No me había puesto a pensar en eso, pero es una muy buena explicación. Me preguntó si mis colegas también andaban siempre de mal humor y me dejó pensando. La verdad es que no. Tengo que la suerte de que en mi empresa estamos casi siempre de buen ánimo. Y yo creo que eso se debe al maravilloso edificio en el que trabajamos.
El disenyo de las oficinas influye directamente en el rendimiento de los empleados (ya había yo leído eso en alguna parte). En el caso de mi empresa influye en el estado de ánimo, porque en el rendimiento naranjas. Fuimos y seguimos siendo un manicomio con o sin Hans-Martin...

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