Nada puede ser mejor...
Siempre que pienso en Montañita cuando estoy en Hamburgo me digo “la próxima vez que vaya tengo que surfear!”. Lamentablemente hasta ahora he intentado muy pocas veces hacerlo. Viví bastantes campeonatos de surf pero nunca me interesé en serio por practicarlo yo misma. Además cabe añadir que antes no había esa oferta de clases de surf y tablas que existe ahora. La última vez que intenté “cabalgar olas” fue hace dos años. Este fin de semana lo volví a intentar.
Al final no alcancé ni siquiera a pararme, a duras penas logré arrodillarme sobre la tabla. Pero ya. No seamos quejumbrosos. Siquiera lo intenté. Este fin de semana lo volveré a hacer. Es que resulta que el surf es como todo en la vida: cuestión de práctica. Así que a darle.
Creo que escogimos una mala fecha para aventurarnos en el mar. Ale y yo alquilamos una tabla cada una y nos lanzamos al ruedo. Las olas nos revolcaron a más no poder, una tras otra, sin pausa. El mar estaba bravísimo! (hubo oleaje desde el primero de enero). Ya después de las primeras olas pensé en claudicar, pero no. Seguí hasta completar una hora. Tragué agua como loca, tengo unos cuantos raspones que no sé ni cómo me los hice, me golpeé con la tabla en la cabeza (al menos no tan fuerte como Ale, a la que se le hizo un super chichón a consecuencia de eso). Pregúntense cómo una puede ser tan hábil para lograr semejante proeza. Se supone que una se tiene que parar sobre la tabla y no la tabla sobre una, no?
Al final no alcancé ni siquiera a pararme, a duras penas logré arrodillarme sobre la tabla. Pero ya. No seamos quejumbrosos. Siquiera lo intenté. Este fin de semana lo volveré a hacer. Es que resulta que el surf es como todo en la vida: cuestión de práctica. Así que a darle.

Comentarios
Si tienes tiempo visita el mio.
Saludos,
Borys
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