700 km
Lo conocí por esas cosas de la vida en diciembre en una fiesta de Navidad organizada por XING. Fui sola, como ya se me ha hecho costumbre. El evento estuvo más o menos. No fue la gran cosa. Se puso interesante recién al final cuando unos cuantos nos animamos a bailar. Así fue como lo conocí, bailando. Los chicos que conozco bailando son los mejores, no hay nada que hacer. Ya ni siquiera recuerdo cómo fue que comenzamos a hablar. Después de bailar un poco uno al lado del otro y no uno con el otro (porque él estaba con su hermano y la novia de él y yo por mi lado sola, como siempre) usamos de pretexto que habíamos entrado en calor para salir a la terracita a conversar. Ese fue uno de los pocos puntos a favor de los organizadores de la fiesta. Eligieron como lugar el salón de baile del estadio de St. Pauli en Millerntor. Excelente locación! La terracita del salón da al lado oeste de la cancha. Debe ser bacancísimo ver un partido desde allí.
Estuvimos hablando un buen rato. Él es abogado. No sé por qué pero ese día con todos los chicos con los que hablé me dio por tocar el tema de la diferencia de salarios entre hombres y mujeres de iguales profesiones y aptitudes que existe en Alemania. Bueno, en todos los países del mundo se da ese problema, lamentablemente, pero Alemania destaca en Europa como uno de los países con mayor diferencia porcentual. Se habla de que las mujeres perciben un promedio de 20% menos que los hombres. Ya sé que al conocer a alguien nuevo y empezar a hablar sobre temas tan delicados como el feminismo y el machismo se corre el gran riesgo de que la persona huya despavorida después de unos pocos minutos al sentirse acorralada (la mayoría de la gente prefiere evitar este tipo de temas tan complejos, al menos al principio). Pero poniéndome a pensar no está tan mal tampoco de mi parte abordarlos de esa manera. Así puedo determinar de “once” si mi interlocutor es progresista o más bien un reacio conservador. Al respecto él replicó que para las juristas no era tan grande el problema. Es muy normal ver a mujeres juezas. Me quedé pensando en su comentario y al día siguiente me puse a buscar. Resulta que no es tan cierto. En la corte constitucional alemana en Karlsruhe, por ejemplo, hay dos senados con 8 ministros jueces en cada uno. En total sólo hay tres juezas. Y vaya uno a saber cuánto ganan los jueces y cuánto las juezas. Uhm…
En fin. El chico mostró también mucho interés desde un comienzo en conocer mi nacionalidad. La mayoría utiliza ese pretexto para romper el hielo.
- De dónde eres?
- Adivina…
- De España?
Con todo el respeto que se merezcan los ciudadanos de la Madre Patria, detesto que me tomen por española. Pero no los culpo. Antes yo tampoco sabía diferenciar entre estadounidenses y europeos. Me sigue resultando un poco difícil.
- Así que de Ecuador, eh?
- Simón.
- Y qué hace una ecuatoriana en la lejana Alemania?
Y ahí comienzo a contar que desde siempre quise salir y se me ocurrió que lo mejor sería Alemania por su buena reputación en cuanto a la tecnología, a la ingeniería mecánica.
- De verdad eres ingeniera mecánica???
- No. De mentira, hombre. Claro, pues! Qué pregunta!
Resulta que acá también es raro encontrarse ingenieras mujeres. A propo ingeniería, me he dado cuenta de que para algunos caballeros las mujeres con ese tipo de profesión resultan poco atractivas. Ahí recuerdo un capítulo de Sex & the city donde Miranda asiste a uno de esos eventos para conocer gente. Ahí se tiene la chance de conocer a muchos parejos, pero para hablar sólo te dan unos pocos minutos. Entonces toca ir al grano de una y lo primero que se pregunta es “en qué trabajas?”. Ella siempre decía la verdad, que era abogada. Era de verles las reacciones a los tipos. Ninguno mostraba algún tipo de interés. Hacían algo así como una mueca de desencanto. Después de varios intentos fallidos fue que ella decidió mentir y dijo en una de esas “soy azafata!” y ahí sí tuvo reacciones muuuy positivas. Algo así me ha pasado algunas veces. Creo que los hombres se sienten intimidados por mi profesión. Mis amigas dicen “pero claro, Mica! Los hombres las prefieren bobas!”.
En todo caso a él le pareció muy interesante que fuera ingeniera. Seguimos conversando sobre esto y lo otro. La fiesta se acercaba a su fin. El hermano le dijo para irse. Fue entonces que me animé a pedirle su tarjeta. Me la dio. Ahí pude ver que es doctor, pero que vive en Stuttgart! El tipo me gustó mucho y no pude evitar mostrar mi gran decepción al notar que nos separaban 700km. Qué pena!
Al día siguiente le escribí. Le dije que la había pasado muy bien esa noche y que esperaba que su estadía en Hamburgo haya sido por demás placentera. Me contestó al día siguiente. Que el también la había pasado muy chévere. Desde esa fecha hemos estado en contacto emailesco.
Después de varios emails me escribe uno en abril para comunicarme que va a estar en Hamburgo en mayo por cuestiones de trabajo y que le gustaría mucho volver a verme. Pensé “claro, por qué no?”. Nos vimos finalmente el pasado martes. Como esa misma noche tenía que regresarse a Stuttgart, nos quedarían sólo un par de horitas para vernos. Él eligió el punto de encuentro: el puerto. Luego me explicó el por qué de su elección. En Stuttgart no hay puerto y a él le encantan. Le encanta el agua. Hace seis años estuvo durante 6 meses en Sydney. Fue una de las mejores épocas de su vida. Estuvo trabajando para un bufete de abogados. Todas las mañanas se iba a surfear antes de ir a trabajar. Una maravilla, decía.
- Y por qué no te quedaste?- pregunté extrañada.
- No había chance. Qué iba a hacer yo ahí? Un abogado alemán y con mi pobre inglés- dijo con una cara de decepción.
- Pero eso se puede mejorar…
- Aparte de eso yo estudié aquí. Hasta aprender el sistema jurídico australiano… No. Hubiera sido muy complicado.
Será complicado pero no imposible, pensé. Uno siempre busca pretextos para terminar haciendo lo que uno quiere. Supongo que él es de esos alemanes que no puede vivir en otro país que no sea Alemania. Algo así como yo, que creo que también voy a regresar a Ecuador después de todo. Eso sí, no me pregunten cuándo…
Desde un comienzo el chico éste me estaba lanzando unas miradas matadoras. Me quedaba viendo a los ojos de una manera que me ponía un tanto nerviosa. Yo contraatacaba de igual manera. Así fue como comenzamos a hablar de la autoestima. Él me dijo que le parecía que yo la tenía muy alta. Besser so! La conversación con él fue por demás agradable. Incluso hablamos de Correa, mirá vos. También le decía que una de las opciones para mí de regresar al Ecuador sería incursionar en la política. "Me voy a lanzar a presidenta. Me voy a convertir en la primera mujer presidenta del Ecuador, jaja!". "Yo me ofrezco de jefe de campaña!", me dijo.
Pasó la hora y media (bastante rápido para mi pesar). Entonces nos tocó irnos a la estación de tren para que tomara el suyo y se fuera al aeropuerto. Una vez en el andén vimos que faltaban 3 minutos para que llegara su tren. Le estaba indicando que talvez debía tomar un taxi en Barmbek para no perder su vuelo. Es que al final nos quedamos conversando de más, y faltaba sólo media hora para su boarding time. Llegó la hora de despedirse. Me incliné hacia él para darle un abrazo y desearle buen viaje. Ni me di cuenta cómo pasó pero terminamos besándonos lo que nos permitió el único minuto que faltaba para que llegara su tren. Ay, qué beso, oígame! Llegó su tren y se fue. Después de ese incidente me quedé bastante intrigada y pensativa. No logré sacarlo de mi cabeza los siguientes días. Qué bestia! Sentía que nunca había pasado una situación similar. Que lo que estaba sintiendo por él, no lo había sentido nunca con ningún otro hombre. Menos con esos chicos que conozco cuando me voy de bares. Uf! Ni siquiera con mi colega que me gusta tanto. Con nadie! Una cosa rara. Talvez era tan grande la excitación por el hecho de que viviéramos tan lejos. Por saber que no podíamos vernos cada vez que quisiéramos. No lo sé.
Dos días después me escribió un “estoy pensando en ti”.
No sé si lo vuelva a ver. A veces creo que es mejor así. Que quede como un encuentro fugaz. Como un bello e interesante recuerdo. Talvez eso sería de verdad lo mejor. No darnos la oportunidad a ninguno de los dos de arruinarlo.
Estuvimos hablando un buen rato. Él es abogado. No sé por qué pero ese día con todos los chicos con los que hablé me dio por tocar el tema de la diferencia de salarios entre hombres y mujeres de iguales profesiones y aptitudes que existe en Alemania. Bueno, en todos los países del mundo se da ese problema, lamentablemente, pero Alemania destaca en Europa como uno de los países con mayor diferencia porcentual. Se habla de que las mujeres perciben un promedio de 20% menos que los hombres. Ya sé que al conocer a alguien nuevo y empezar a hablar sobre temas tan delicados como el feminismo y el machismo se corre el gran riesgo de que la persona huya despavorida después de unos pocos minutos al sentirse acorralada (la mayoría de la gente prefiere evitar este tipo de temas tan complejos, al menos al principio). Pero poniéndome a pensar no está tan mal tampoco de mi parte abordarlos de esa manera. Así puedo determinar de “once” si mi interlocutor es progresista o más bien un reacio conservador. Al respecto él replicó que para las juristas no era tan grande el problema. Es muy normal ver a mujeres juezas. Me quedé pensando en su comentario y al día siguiente me puse a buscar. Resulta que no es tan cierto. En la corte constitucional alemana en Karlsruhe, por ejemplo, hay dos senados con 8 ministros jueces en cada uno. En total sólo hay tres juezas. Y vaya uno a saber cuánto ganan los jueces y cuánto las juezas. Uhm…
En fin. El chico mostró también mucho interés desde un comienzo en conocer mi nacionalidad. La mayoría utiliza ese pretexto para romper el hielo.
- De dónde eres?
- Adivina…
- De España?
Con todo el respeto que se merezcan los ciudadanos de la Madre Patria, detesto que me tomen por española. Pero no los culpo. Antes yo tampoco sabía diferenciar entre estadounidenses y europeos. Me sigue resultando un poco difícil.
- Así que de Ecuador, eh?
- Simón.
- Y qué hace una ecuatoriana en la lejana Alemania?
Y ahí comienzo a contar que desde siempre quise salir y se me ocurrió que lo mejor sería Alemania por su buena reputación en cuanto a la tecnología, a la ingeniería mecánica.
- De verdad eres ingeniera mecánica???
- No. De mentira, hombre. Claro, pues! Qué pregunta!
Resulta que acá también es raro encontrarse ingenieras mujeres. A propo ingeniería, me he dado cuenta de que para algunos caballeros las mujeres con ese tipo de profesión resultan poco atractivas. Ahí recuerdo un capítulo de Sex & the city donde Miranda asiste a uno de esos eventos para conocer gente. Ahí se tiene la chance de conocer a muchos parejos, pero para hablar sólo te dan unos pocos minutos. Entonces toca ir al grano de una y lo primero que se pregunta es “en qué trabajas?”. Ella siempre decía la verdad, que era abogada. Era de verles las reacciones a los tipos. Ninguno mostraba algún tipo de interés. Hacían algo así como una mueca de desencanto. Después de varios intentos fallidos fue que ella decidió mentir y dijo en una de esas “soy azafata!” y ahí sí tuvo reacciones muuuy positivas. Algo así me ha pasado algunas veces. Creo que los hombres se sienten intimidados por mi profesión. Mis amigas dicen “pero claro, Mica! Los hombres las prefieren bobas!”.
En todo caso a él le pareció muy interesante que fuera ingeniera. Seguimos conversando sobre esto y lo otro. La fiesta se acercaba a su fin. El hermano le dijo para irse. Fue entonces que me animé a pedirle su tarjeta. Me la dio. Ahí pude ver que es doctor, pero que vive en Stuttgart! El tipo me gustó mucho y no pude evitar mostrar mi gran decepción al notar que nos separaban 700km. Qué pena!
Al día siguiente le escribí. Le dije que la había pasado muy bien esa noche y que esperaba que su estadía en Hamburgo haya sido por demás placentera. Me contestó al día siguiente. Que el también la había pasado muy chévere. Desde esa fecha hemos estado en contacto emailesco.
Después de varios emails me escribe uno en abril para comunicarme que va a estar en Hamburgo en mayo por cuestiones de trabajo y que le gustaría mucho volver a verme. Pensé “claro, por qué no?”. Nos vimos finalmente el pasado martes. Como esa misma noche tenía que regresarse a Stuttgart, nos quedarían sólo un par de horitas para vernos. Él eligió el punto de encuentro: el puerto. Luego me explicó el por qué de su elección. En Stuttgart no hay puerto y a él le encantan. Le encanta el agua. Hace seis años estuvo durante 6 meses en Sydney. Fue una de las mejores épocas de su vida. Estuvo trabajando para un bufete de abogados. Todas las mañanas se iba a surfear antes de ir a trabajar. Una maravilla, decía.
- Y por qué no te quedaste?- pregunté extrañada.
- No había chance. Qué iba a hacer yo ahí? Un abogado alemán y con mi pobre inglés- dijo con una cara de decepción.
- Pero eso se puede mejorar…
- Aparte de eso yo estudié aquí. Hasta aprender el sistema jurídico australiano… No. Hubiera sido muy complicado.
Será complicado pero no imposible, pensé. Uno siempre busca pretextos para terminar haciendo lo que uno quiere. Supongo que él es de esos alemanes que no puede vivir en otro país que no sea Alemania. Algo así como yo, que creo que también voy a regresar a Ecuador después de todo. Eso sí, no me pregunten cuándo…
Desde un comienzo el chico éste me estaba lanzando unas miradas matadoras. Me quedaba viendo a los ojos de una manera que me ponía un tanto nerviosa. Yo contraatacaba de igual manera. Así fue como comenzamos a hablar de la autoestima. Él me dijo que le parecía que yo la tenía muy alta. Besser so! La conversación con él fue por demás agradable. Incluso hablamos de Correa, mirá vos. También le decía que una de las opciones para mí de regresar al Ecuador sería incursionar en la política. "Me voy a lanzar a presidenta. Me voy a convertir en la primera mujer presidenta del Ecuador, jaja!". "Yo me ofrezco de jefe de campaña!", me dijo.
Pasó la hora y media (bastante rápido para mi pesar). Entonces nos tocó irnos a la estación de tren para que tomara el suyo y se fuera al aeropuerto. Una vez en el andén vimos que faltaban 3 minutos para que llegara su tren. Le estaba indicando que talvez debía tomar un taxi en Barmbek para no perder su vuelo. Es que al final nos quedamos conversando de más, y faltaba sólo media hora para su boarding time. Llegó la hora de despedirse. Me incliné hacia él para darle un abrazo y desearle buen viaje. Ni me di cuenta cómo pasó pero terminamos besándonos lo que nos permitió el único minuto que faltaba para que llegara su tren. Ay, qué beso, oígame! Llegó su tren y se fue. Después de ese incidente me quedé bastante intrigada y pensativa. No logré sacarlo de mi cabeza los siguientes días. Qué bestia! Sentía que nunca había pasado una situación similar. Que lo que estaba sintiendo por él, no lo había sentido nunca con ningún otro hombre. Menos con esos chicos que conozco cuando me voy de bares. Uf! Ni siquiera con mi colega que me gusta tanto. Con nadie! Una cosa rara. Talvez era tan grande la excitación por el hecho de que viviéramos tan lejos. Por saber que no podíamos vernos cada vez que quisiéramos. No lo sé.
Dos días después me escribió un “estoy pensando en ti”.
No sé si lo vuelva a ver. A veces creo que es mejor así. Que quede como un encuentro fugaz. Como un bello e interesante recuerdo. Talvez eso sería de verdad lo mejor. No darnos la oportunidad a ninguno de los dos de arruinarlo.

Comentarios
Así es. Bien descrito. Me movió el piso este caballero. Pero no es que no quiera darle una oportunidad. Lo que pasa es que no vale forzar las cosas. Hay que dejar que sigan el curso que deban seguir. No vale apresurarse. Por otra parte tengo mala experiencia con las relaciones a distancia.
Un abrazo!
Micaela
TE ATREVERÍAS A DECIRLE?
EHHHH...
EHHHH....
PERO SIN TRADUCCIÓN...PA QUE SUFRA UN POCO.
LOLA CIENFUEGOS
Respecto a tu otra pregunta, no sé si me atrevería a contárselo.
Un abrazo!
Micaela
ESTOS HOMBRES...BUENOS PARA NADA!!!
JUAS JUAS
LOLA CIENFUEGOS
Un abrazo!
Micaela