Gründonnerstag
San Pedro ha decidido tomarse un descanso y perdonarnos la Semana Santa. Después de escribir estas líneas saldré a hacer un recorrido en bicicleta por la ciudad aprovechando esta bondad de clima.
Para comenzar la Semana Santa con pie derecho decidí salir el jueves santo a dar una vuelta a la esquina de siempre. Estaba a reventar. Cuando el clima se pone agradable a los hamburgueses les encanta instalarse en la Schulterblatt (traducida al castellano: “calle omóplato”) a tomarse sus tragos y conversar.
Como ya se me está haciendo costumbre, salí sola. Bastante movimiento también había en el BP1. Esta vez le tocó el turno a un DJ con gustos punk-rock. Un tipo se me acerca y me hace conversación.
- Y tú estás aquí sola?! – preguntó extrañado.
- Simón.
- Pero eso no es normal para una mujer, no?
Dale con la cantaleta. A estos manes también se les hace difícil aceptar la emancipación y eso que estamos en pleno 2009!
En el bar me llamaron la atención dos fulanos bastante altos. Desde el comienzo estuvieron haciéndome ojitos, pero yo no estaba segura de si la cosa era conmigo o con las rubias que se habían instalado a mi lado. Después de risitas y ojitos decidí hablarle a uno cuando me acerqué a la barra a comprar otra bielita. Se llama Frank y trabaja en Toulousse para Airbus. Pasa los fines de semana aquí en Hamburgo. Después de las típicas preguntas de rigor decidimos cambiar de ambiente e irnos los tres a otro bar para seguir con la parranda. Casi no me voy, al ver a Jim Morrison entrando al bar! Pero mejor seguí. Ya está bueno de BP1. Hay que cambiar un poco de ambiente. Fuimos a dar a la Isla en el Alster (“Insel am Alsterufer”). Un bar restaurante muy chic desde afuera. Una vez adentro es otro el cantar. Pude notar enseguida que había mucha gente en plan conquista. Los chicos me lo habían advertido desde un comienzo.
- Te vamos a llevar a un bar donde va gente rara.
- Tan rara como aquí? – pregunté.
Cabe recalcar que esa es una de las cosas que más me atrae del BP1. Se puede encontrar un personal bastante colorido, muy acorde con la zona. Gente bohemia, para formularlo elegantemente. Lo de la Insel era otra cosa. Por un lado había gente que se nota hace un esfuerzo para vestirse bien, pero al final algún detalle por ahí les delata su falta de clase. Por otro lado había bastante "pequeño burgués". In anderen Worten: Prolos und Spießer.
Yo estaba de lo más divertida observando el personal. La música estaba agradable. Estaba bailando de lo lindo cuando me doy cuenta de que Sören estaba en el lugar, ya con unos tragos de más. Él es el Head of Controlling de nuestra empresa. Ahora resulta que este hombre va a dar a ese lugar a buscarse sus levantes, mirá vos. Apenas lo reconocí lo saludé efusivamente desde mi esquina. Apenas me reconoció salió pitado de ahí, cosa que no lo volví a ver en toda la noche. Era obvio por qué. Estaba terriblemente avergonzado. Ya después de un rato lo vi salir del bar con una rubia de dudosa procedencia.
Al comienzo mis acompañantes se pusieron a hablar francés para que no les entendiera.
- Yo también hablo francés- les dije un tanto risueña.
- Cómo puede ser que una mujer tan pequeña hable tantos idiomas? – replicó el otro, después de ponerse rojo como un tomate. Qué habrá dicho para avergonzarse así, me pregunto yo.
- Así es la vida, pelado.
Como soy mala para mentir le terminé confesando que naranjas de francés. Pero ahora me pongo a pensar que me encantaría hablarlo. He decidido que voy a aprenderlo.
Bueno, ahora les tengo que dejar. El sol me llama.
Para comenzar la Semana Santa con pie derecho decidí salir el jueves santo a dar una vuelta a la esquina de siempre. Estaba a reventar. Cuando el clima se pone agradable a los hamburgueses les encanta instalarse en la Schulterblatt (traducida al castellano: “calle omóplato”) a tomarse sus tragos y conversar.
Como ya se me está haciendo costumbre, salí sola. Bastante movimiento también había en el BP1. Esta vez le tocó el turno a un DJ con gustos punk-rock. Un tipo se me acerca y me hace conversación. - Y tú estás aquí sola?! – preguntó extrañado.
- Simón.
- Pero eso no es normal para una mujer, no?
Dale con la cantaleta. A estos manes también se les hace difícil aceptar la emancipación y eso que estamos en pleno 2009!
En el bar me llamaron la atención dos fulanos bastante altos. Desde el comienzo estuvieron haciéndome ojitos, pero yo no estaba segura de si la cosa era conmigo o con las rubias que se habían instalado a mi lado. Después de risitas y ojitos decidí hablarle a uno cuando me acerqué a la barra a comprar otra bielita. Se llama Frank y trabaja en Toulousse para Airbus. Pasa los fines de semana aquí en Hamburgo. Después de las típicas preguntas de rigor decidimos cambiar de ambiente e irnos los tres a otro bar para seguir con la parranda. Casi no me voy, al ver a Jim Morrison entrando al bar! Pero mejor seguí. Ya está bueno de BP1. Hay que cambiar un poco de ambiente. Fuimos a dar a la Isla en el Alster (“Insel am Alsterufer”). Un bar restaurante muy chic desde afuera. Una vez adentro es otro el cantar. Pude notar enseguida que había mucha gente en plan conquista. Los chicos me lo habían advertido desde un comienzo.
- Te vamos a llevar a un bar donde va gente rara.
- Tan rara como aquí? – pregunté.
Cabe recalcar que esa es una de las cosas que más me atrae del BP1. Se puede encontrar un personal bastante colorido, muy acorde con la zona. Gente bohemia, para formularlo elegantemente. Lo de la Insel era otra cosa. Por un lado había gente que se nota hace un esfuerzo para vestirse bien, pero al final algún detalle por ahí les delata su falta de clase. Por otro lado había bastante "pequeño burgués". In anderen Worten: Prolos und Spießer.
Yo estaba de lo más divertida observando el personal. La música estaba agradable. Estaba bailando de lo lindo cuando me doy cuenta de que Sören estaba en el lugar, ya con unos tragos de más. Él es el Head of Controlling de nuestra empresa. Ahora resulta que este hombre va a dar a ese lugar a buscarse sus levantes, mirá vos. Apenas lo reconocí lo saludé efusivamente desde mi esquina. Apenas me reconoció salió pitado de ahí, cosa que no lo volví a ver en toda la noche. Era obvio por qué. Estaba terriblemente avergonzado. Ya después de un rato lo vi salir del bar con una rubia de dudosa procedencia.Al comienzo mis acompañantes se pusieron a hablar francés para que no les entendiera.
- Yo también hablo francés- les dije un tanto risueña.
- Cómo puede ser que una mujer tan pequeña hable tantos idiomas? – replicó el otro, después de ponerse rojo como un tomate. Qué habrá dicho para avergonzarse así, me pregunto yo.
- Así es la vida, pelado.
Como soy mala para mentir le terminé confesando que naranjas de francés. Pero ahora me pongo a pensar que me encantaría hablarlo. He decidido que voy a aprenderlo.
Bueno, ahora les tengo que dejar. El sol me llama.

Comentarios
Saludoa
Felices Pascuas, Ika!
Un abrazo!
Micaela