A Hamburgo
Hoy recorrí tus calles nuevamente. Como es mi costumbre tomé el bus de la línea 6 y pensé titular este post como el disco de J-Lo “On the six”. Ella se refería a la línea de metro que siempre tomaba en New York para salir del Bronx. Yo me refiero a mi línea de bus. Sí, porque es mi bus. Ya son 9 años tomándolo que me creo con propiedad de decir que es mío. Lo tomo muy cerca de mi casa para ir al centro. El recorrido que hace me encanta. Paso por la Mühlenkamp con sus departamentos tan bonitos, luego llegamos a Mundsburger Brücke y podemos ver el Alster. Ay, el Alster... Pasa también por la estación central y al final por el ayuntamiento.
Hoy mientras regresaba a mi casa
sentí una sensación extraña. Era como nostalgia. Sí, porque después de 9 años
ya estoy pensando seriamente en dejarte, Hamburgo. Creo que ya llegó la hora de
decir adiós. Y te digo algo, querida, tal como le dice
uno a una pareja al terminar con ella: no eres tú, soy yo. Porque en verdad no depende
de ti. Soy yo la que necesita un cambio. Tú has dado todo de ti. Eres una
ciudad hermosa.
Mientras iba en el bus pensaba que aquí todo funciona casi a la perfección. Me encanta vivir en un sistema en el que puedas confiar. Sabes que los buses y el metro salen a una determinada hora. Sabes, además, que cuando vas por la calle no te van a robar. Sabes que te puedes movilizar en bicicleta sin ningún problema porque hay ciclovías en casi todas partes y también sabes que tanto en bicicleta o como peatón en la calle los carros te respetan. En estas calles no vale la ley del más fuerte. Por el contrario, vale la ley del más débil. Primero el peatón, luego el ciclista y de ahí el coche.
Mientras iba en el bus pensaba que aquí todo funciona casi a la perfección. Me encanta vivir en un sistema en el que puedas confiar. Sabes que los buses y el metro salen a una determinada hora. Sabes, además, que cuando vas por la calle no te van a robar. Sabes que te puedes movilizar en bicicleta sin ningún problema porque hay ciclovías en casi todas partes y también sabes que tanto en bicicleta o como peatón en la calle los carros te respetan. En estas calles no vale la ley del más fuerte. Por el contrario, vale la ley del más débil. Primero el peatón, luego el ciclista y de ahí el coche.
Te cuento que me siento un poco culpable
porque talvez te busqué en los lugares equivocados. Siempre creí que te
encontraría en los bares o en las discotecas, pero después entendí que no. Hoy
es viernes en la noche y siento que no me pierdo de nada al no salir. Me siento
mal, querida mía, porque pensé encontrar diversión en la Reeperbahn, tu calle
más conocida. Pero resulta que ese es el sector que menos me gusta de ti. Esa
no eres tú. Por lo menos esa no es la Hamburgo que extrañaré cuando me vaya. Tú
eres mucho más que eso.
Tú representas cosas mucho más trabajadas. Tú eres, por ejemplo, el Michel, esa iglesia maravillosa a
la que me encantaba ir a llorar. Sí, porque era a eso a lo que iba. Me
encantaba visitarla durante la misa del gallo o en viernes santo porque siempre
había música en vivo con coro y conjunto de cámara. Llorar cantando “Adeste
Fideles” al abrir la Christmette el 24 de diciembre a las 11pm, o hacerlo
cuando el coro interpretara la Pasión según San Mateo y decía “Ruhet wohl”
(descansa, Jesús). Que llorara como una magdalena siempre me llamó la atención
sobre todo por el hecho de que no soy católica. Pero la música es algo que
trasciende las creencias religiosas y Bach siempre lo supo.
Hamburgo es, además, su Laeizhalle, el teatro aquel que queda en la plaza Johannes Brahms, porque, como no podía ser de otra manera, Brahms es hamburgués. Uno de los representantes de la era romántica que más me gusta nació aquí y además un 7 de mayo como yo. Coincidencias en Pascuales.
Hamburgo es su imponente ayuntamiento. Es
el edificio público más impresionante que conozco. Fue ahí donde me entregaron
oficialmente mi ciudadanía alemana. Además fue ahí donde me hiciste llorar recordando a mi padre en
una hermosa tarde de julio al escuchar la sinfonía no. 3 de Brahms, en un
concierto que para rematar era gratis.
La Hamburgo que voy a extrañar también está en su torre de televisión. Esa torre que siempre recordaré como mi
meta, porque cuando corrí la maratón literalmente lo era. Ahí comenzaba y
terminaba la carrera. Cuando iba por el km 37, me parece, la buscaba
desesperada. Y cuando alcanzaba a divisarla ¡la veía tan lejos aún! Eso me
indicaba que todavía quedaban algunos kilómetros por recorrer.
Hamburgo es su puerto. Su hermoso puerto con los contenedores y las grúas. Con su playa en Övelgönne donde pasé varias
agradables tardes de verano. El puerto donde queda el bar que más me gustó de
todos: el Pudel. Ay, ¡qué buenos recuerdos! Ahí fue donde después de celebrar mi cumpleaños en casa con amigos conocí a ese dios ojiazul llamado Korbinian. ¡Qué buen regalo de cumple!
Hamburgo es el Alster, la lagunita que empieza en todo el centro de la ciudad. ¿Cómo no me voy acordar de las tantas
veces que salí a trotar allí? Creo que eres lo que más voy a extrañar de esta ciudad porque
eras mi pista de entrenamiento favorita. Siempre buena para mostrame mis
limitaciones.
Hamburgo es sus áreas verdes. ¡Hay verdor por doquier! Tiene varios parques grandes y el más grande queda a la vuelta de mi casa: mi querido Stadtpark. Nunca me voy a olvidar de las tardes de verano en las que iba a escuchar de gratis los conciertos al aire libre que organizaban allí, o las tantas parrilladas que hicimos con mis amigos.
Hamburgo es la Schanze. La Schulterblatt
se convirtió en mi sala de estar sobre todo porque ahí vivía mi mejor amiga, el apoyo más fuerte que tuve durante mi estadía en Alemania: mi querida Lira. En ese barrio fue donde más tiempo pasé los fines de
semana. Schulterblatt hoch, Schulterblatt runter. A tomarme una bielita en el
Bedford o en el BP1, o a bailar sin parar en la Haus 73. O talvez a ver una buena
película en el Cine 3001.
Lo que con más gusto recordaré de ti,
querida mía, serán tus veranos. Sí, porque fue ahí donde me sentí como en el
paraíso. Era tener el clima perfecto en la ciudad perfecta. No había algo que
pudiera superarlo. Talvez sea por eso que me sentía tan miserable cuando los días
comenzaban a ser más cortos y más grises. Cuando llegaba la pertinaz lluvia de
noviembre yo me sentía morir.
Y así, son tantas cosas más, Hamburgo querida, que me podría pasar varios días enumerando tus virtudes. Pero ha llegado la hora de partir hacia nuevos rumbos. Te llevaré siempre en mi corazón y te recordaré con gratitud porque tú siempre me recibiste con los brazos abiertos. Nunca hubiera pensado escribirte estas líneas. ¡Si me la pasé casi todo el tiempo quejándome de ti! Pero bien dicen que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Pero en realidad no es que te pierda. Lo que pasa es que he decidido que es hora de partir. Ya cumplí mi ciclo aquí y te agradezco por todo lo que me has dado. Ha sido mucho más de lo que hubiera podido esperar.
Y así, son tantas cosas más, Hamburgo querida, que me podría pasar varios días enumerando tus virtudes. Pero ha llegado la hora de partir hacia nuevos rumbos. Te llevaré siempre en mi corazón y te recordaré con gratitud porque tú siempre me recibiste con los brazos abiertos. Nunca hubiera pensado escribirte estas líneas. ¡Si me la pasé casi todo el tiempo quejándome de ti! Pero bien dicen que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Pero en realidad no es que te pierda. Lo que pasa es que he decidido que es hora de partir. Ya cumplí mi ciclo aquí y te agradezco por todo lo que me has dado. Ha sido mucho más de lo que hubiera podido esperar.
In Hamburg sagt man Tschüss.











Comentarios
saludo afectuoso!