Wenn es Sommer wäre...
Leyendo este artículo en gkillcity recuerdo lo mucho que extraño ir en bicicleta al trabajo. Matthew Carpenter dice que las ciudades de Suiza tienen una alta calidad de vida. Hamburgo cumple con todo lo que él menciona sobre Ginebra en el artículo. Yo creo además que hoy en día una característica importante de una buena ciudad es la posibilidad que ofrezca a sus habitantes de transportarse en bicicleta, y Hamburgo lo logra casi a la perfección.
Lo que más me duele es que tan solo el año pasado decidí optar por ir en bicicleta al trabajo. Recién 6 años después de recorrer el mismo trayecto de ida y vuelta se me ocurrió hacerlo. En fin. Más vale tarde que nunca. El verano que pasó estuvo muy bueno y me permitió ir casi todos los días a la oficina sin mojarme.
La vanidad
me pudo, así que el cambio de hábito (dejar el metro y el bus por la bicicleta)
no impidió que siguiera usando tacones altos para ir a la oficina. Lo que hacía
para fines prácticos era ponerme los tacones recién en el garaje del edificio, es
decir al llegar al trabajo. No iba a ser tan boba de manejar con los tacones.
Sí se puede, pero no es muy cómodo que se diga. Mientras tanto mis colegas se
preguntaban extrañados cómo le hacía yo para manejar con semejantes tacos, ¡jaja!
No es
coincidencia que haya comenzado a ir en bici al trabajo en verano. Es la época
en la que el clima se pone decente por acá. Yo ya he dicho en más de una
ocasión que si el clima de verano fuera permanente en Hamburgo, me quedaría a
vivir aquí sin pensarlo dos veces. Pero no es así. El verano es un privilegio
que solo tenemos con suerte unas cuantas (pocas) semanas durante todo el año.
Digo con suerte porque a veces tocan veranos lluviosos o fríos o a veces duran
muy poco. El año pasado el verano comenzó a sentirse recién a finales de junio.
El invierno fue muy largo y frío.
Imagínense
a Hamburgo con un clima como el de Guayaquil. ¡Ahhh! Soñar no cuesta nada. El año pasado hubo unos cuantos
días así. Yo me sentía a todo dar mientras la gente acá se quejaba (vale acotar
que quejarse es el deporte nacional alemán per se). Las gorditas que atienden
en las tiendas y los viejitos refunfuñaban. Algunos de mis colegas al enterarse
de que así es el clima de donde provengo me decían que lo sentían mucho (¿?).
Lo que pasa es que la gente acá no se halla en tales condiciones. Yo en cambio
me siento como pez en el agua. A eso súmele que en junio, julio y agosto
oscurece en promedio a las 10pm. Los días son laaargos y uno quiere pasar todo
el tiempo afuera disfrutando del calorcito y de la luz del sol. ¡Una maravilla de
verdad!
¿Se
preguntarán qué me dio ahora por escribir sobre el verano? Lo que pasa es que
acabo de regresar de Ecuador y justo ahora que regreso se comenzó a poner frío por
acá. Esa es la manera que tiene Hamburgo de recibirme de vuelta. Tenemos “tan
solo” –1°C pero yo no quiero salir de mi casa. Ayer salí en bicicleta a hacer
un trámite y apenas lo hice estuve maldiciendo el invierno y pensando que debía
mejor tomar el metro. Igual seguí conduciendo pero después de un rato
se me congelaron los pies a falta de botas adecuadas. Tuve que regresar a casa y no volví a salir en todo
el día. Necesito unos días para acoplarme otra vez al frío.
Para subirme el ánimo pienso en lo maravilloso que es el verano en Hamburgo. Luego miro a través de mi ventana y veo el gris característico de esta ciudad. :/ Vuelvo a la realidad y me pregunto ¿apreciaríamos tanto el verano de no ser por todos los meses grises que tenemos que esperar antes de que este llegue? Talvez no. Creo que uno siempre anhela aquello que no puede tener.


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