De Palacio, Breivik y más
Este post quería haberlo escrito mucho antes. Ahora han coincidido algunos sucesos por los que me veo finalmente obligada a escribirlo. Por un lado la sentencia en contra de El Universo y Emilio Palacio y por otro lado el atentado de Anders Breivik en Utoya, Noruega. Estos hechos tienen que ver entre sí aunque en un comienzo no parezca.
Cuando me enteré de que el juez Paredes dictó 3 años de prisión y 40 millones en contra de El Universo y Palacio lo primero que vino a mi cabeza fue “se está sentando un pésimo precedente en Ecuador”. Luego leía las reacciones a favor y en contra en twitter. Una señora sentenciaba “¡este es el comienzo del fin de Correa!”, otros decían “ya era hora de que hicieran algo en contra de El Universo”.
Mi apreciación es que, si bien es cierto que la sentencia es desproporcionada, es justificado establecer una demanda por lo expresado en “No más mentiras”. Por otro lado me molesta que Palacio y El Universo salgan como mártires y víctimas de todo esto. Correa les da demasiada importancia a personas que no la merecen. El gobierno se ha enfrascado en una guerra sin cuartel en contra de El Universo y otros medios. Está obsesionado con ellos. Debió (debería) ser asesorado de mejor manera. En cada cadena sabatina se desquita con sus enemigos de turno. Mucho desperdicio de energía. Gasta pólvora en gallinazos. Ahora bien, también toca verle el lado bueno al asunto. Gracias a Correa ahora se debate abiertamente el papel de los medios en nuestra sociedad.
Los medios de comunicación de circulación masiva tienen una responsabilidad enorme con sus lectores. El Universo goza del privilegio de ser uno de los más leidos en el Ecuador pero en lugar de aprovechar esa ventaja han estado abusando del poder que se les da. Seamos sinceros y pongámonos una mano en el corazón. La calidad tanto narrativa como investigativa del diario es baja. Lo que publican no tiene nada de periodismo investigativo. Carlos Bruch, ex editor gráfico de El Universo, resume sus prácticas en este artículo publicado en gkillcity.com. Si Correa los ataca acuden a la cantaleta de que se está mermando la libertad de expresión. Señores: esa libertad implica enormes responsabilidades de las que ustedes no están muy concientes. ¿Quieren sacar a la luz la corrupción en el presente régimen? ¡Perfecto! Lamentablemente hasta ahora no han dado muestras de estar capacidad de hacerlo. En lugar de aprender de sus colegas del Washington Post (aquí un resumen del caso Watergate: Watergate had changed American politics permanently and profoundly.) prefieren dejarse llevar por chismes de pasillo. Todo queda a un nivel muy superficial. Supongo que se debe en parte a la comodidad. Sea lo que sea demuestran constantemente su mediocridad y contribuyen así a autodesacreditarse facilmente.
De su mala fe me di cuenta recién después (ver aquí). Sí, porque estando lejos de Ecuador pensé en un comienzo que la mejor manera de informarme era leer El Universo (leo lo que acabo de escribir y me da es risa). Después me di cuenta de que no es tan sencillo como eso. Ahora ya no gasto mucho tiempo en leer las columnas de opinión ya que sé que muchos de los columnistas pueden volverse bastante subjetivos.
Tan ingenua como era creía en la bondad de los medios. Estar ocho años en Alemania me ayudó a darme cuenta de que no se puede creer todo lo que se lee y sobre todo que en en ocasiones hay un propósito oculto detrás de algunos titulares y de algunos artículos de opinión. Esto pasa también aquí y a mi humilde opinión conlleva consecuencias funestas.
Un amigo alemán bastante conservador, típico elector de la CDU (unión demócrata cristiana), lee todos los días el diario Die Welt, de la editorial Axel Springer. Él solía enviarme siempre artículos. Yo en un comienzo no los tomaba muy en serio. Años después y sobre todo al darme cuenta de la cizaña de El Universo y otros medios en contra del gobierno de Correa, empecé a atar cabos y a entender que esas malas prácticas se dan a nivel mundial. La gota que derramó el vaso se dio el año pasado cuando el caballero en mención me envió un artículo de opinión que me hizo revolcarme de las iras. En él se alababa la propuesta de un diputado de la CDU de introducir en Alemania un test de inteligencia en el proceso de nacionalización. Nunca se concretó tal objetivo. Pero eso me hizo entender un poco como algunitos piensan en este país. Mucha gente tiene el tremendo defecto de creer que personas de ciertas razas o de un origen determinado son más inteligentes que otras. Ergo: algunitos en Alemania, Estados Unidos o Noruega, para nombrar tres ejemplos rápidos, creen que sus habitantes son superiores (sin definir concretamente que sería en este caso ser superior) porque sus naciones gozan de una privilegiada posición en el mundo dados sus avances tecnológicos o su índice per cápita; o en el peor de los casos por su apariencia física (por ser rubios, altos y blancos). Sobre todo lo segundo es un gravísimo malentendido universal que hace más de 60 años llevó a un chiflado a promover la exterminación de judíos en masa.
Analizándolo más calmadamente, ahora sí estoy favor de que se promueva el test de inteligencia porque así se darían cuenta de que es precisamente todo lo contrario. Leí un estudio que demuestra que actualmente los índices de inteligencia son mayores en los países en desarrollo que en los desarrollados. Ahí está. Toma tu maduro. Un amigo apache me decía: der Mix macht’s. Si no se mezclan, se quedan estancados. Yo sí estoy segura de que eso es cierto. Pongo mis manos al fuego y proclamo: los ecuatorianos en promedio son más inteligentes que los alemanes. Y no se trata de que provengan de Ecuador o de Alemania. Lo que pasa es que aquí todo funciona a la perfección. Todo es fácil. No toca meterle mucho cráneo al asunto. En cambio en los países subdesarrollados uno a veces tiene que ingeniárselas. Hay que saber improvisar. Aquí si se les daña la máquina de lavar platos, no lavan los platos. ¡De verdad! En cambio allá a veces no toca ni lavar los platos porque no hay qué comer. Son circunstancias totalmente diferentes que conllevan desafíos diferentes.
Lo que más me apena de todo esto es que siga habiendo gente que promueva la intolerancia hacia las personas que lucen diferentes. Los del ala conservadora me lo confirmaron al hablar de ese test de inteligencia. Anders Breivik me da la razón con su manifiesto. Ahí vamos al segundo hecho.
Lo que pasó a finales de julio en Utoya no fue un atentado de una persona aislada. Él perteneció por años al partido progresista en Noruega, un partido de extrema derecha que hoy goza de gran aceptación en ese país. Así que no me vengan conque lo que él piensa no lo comparte nadie en Noruega o en Europa. La única diferencia es que este tipo fue al extremo y decidió matar a gente inocente, a “marxistas” que son ante sus ojos los culpables de esta “infiltración” de islamistas que vive Europa (fue a atacar un camping donde los jóvenes del partido socialista estaban pasando sus vacaciones). Muchos otros piensan lo mismo pero por suerte no acuden a la violencia. Un ejemplo de ellos es mi amigo alemán. Ahora recuerdo las tantas veces que me envió artículos de opinión de Die Welt donde se quejaban de la construcción de mezquitas en Alemania, donde se quejaban de que maestras musulmanas usaran sus velos en salones de clase o donde manifestaban su rechazo a marchas en las calles de musulmanes por alguna causa. Todo este sentimiento anti-islámico aumentó exponencialmente a partir de los atentados del 11 de septiembre. Una consecuencia de esto es el atentado del 22 de julio en Noruega, ejecutado por un fundamentatlista cristiano que sueña con la Europa de los años 50 donde la mujer se quedaba en la casa cocinando y criando hijos y donde no había tantos no europeos en sus calles. Entre el 2001 y el 2011 nos fuimos de un extremo a otro extremo.
Yo decía que estos dos hechos tienen mucho en común porque la prensa juega un papel importantísimo en la exacerbación de los ánimos. Y creo que en Alemania, a diferencia de Ecuador, puede tener consecuencias mucho más peligrosas. No nos olvidemos de lo que pasó en el tercer Reich. Por eso creo que se debería hablar más abiertamente de este tipo de temas en este país. Ese es otro grave error aquí. Tras 8 años de vivir en Alemania sé que el mayor problema es que sí existe una gran intolerancia hacia la gente de fuera, no me atrevería a hablar en porcentajes (lamentablemente eso no se puede medir con las estadísticas tradicionales), pero nadie habla abiertamente de eso. Es un tema tabú. Solo los neonazis proclaman orgullosos su racismo e intolerancia. Tras la segunda guerra mundial la mayoría de alemanes prefiere no verse involucrada con ese tipo de declaraciones. Pero eso no quiere decir que no las compartan. Mi amigo alemán me da la razón.
Yo puedo dar fe de eso porque lo he vivido en carne propia. Su mamá, una típica hija de la postguerra, no se sintió nunca cómoda con el hecho de que una ecuatoriana con la piel un poco más oscura que la de él fuera su amiga íntima. ¡Pero él y su mamá no son nazis, qué va! Una vez discutimos sobre eso y él ofendido me dijo “¡yo no soy rechts Micaela, por favor!” Por eso digo: comparten esa clase de pensamientos pero no quieren verse ni de lejos relacionados con los neonazis.
Además vivir en este país me ha enseñado que aquí mucha gente tiene una obsesión con el color de piel. Para mí eso nunca jugó un rol muy importante. Mis padres me enseñaron que todos somos iguales: el indio, el mestizo, el negro, el rubio, el chino, el hindú. Vengo acá y resulta que, ya que soy un tonito más oscura que los blancos color papel que hay aquí, soy mulata. Me costó meses entender eso porque tal como decía el color de la piel a mí nunca me ha importado. Pero ahora que lo pienso me alegro si me ven como mulata. ¡Enhorabuena! Me alegra sobremanera que sepan que no soy alemana, que no nací aquí. Yo estoy orgullosa de ser como soy. Es tan absurdo pretender juzgar a la gente por el color de piel. Eso no dice nada en sí de la persona. Tomo como ejemplo a una amiga nacida en Ecuador que luce bastante alemana, hija de un alemán y de una ecuatoriana. Si la ven no deducen que es mitad ecuatoriana. Así que, amigos míos, si creen que es un privilegio alemán o estadounidense o noruego ser alto y rubio, están equivocados. Estamos en un mundo globalizado. Hay gente de todos lados en todos lados. Durante años nos hemos estamos mezclando. No hay una raza pura.
Si creen que están en posibilidad de juzgar a una persona por su color de piel, se equivocan.
El otro día vi en CNN international una entrevista realizada por Fareed Zakaria a Sharif El-Gamal. Él es el iniciador de la construcción de un centro musulmano comunitario relativamente cerca del Ground Zero en New York, que luego mal llamaron “Ground Zero Mosque”. Él cuenta que desde que se inició el proyecto y se hizo público ha recibido todo tipo de amenazas. Cuenta que días antes de que la prensa comenzara a divulgar la noticia y los fundamentalistas cristianos y otra serie de mal informados comenzaran a lanzar el grito en el cielo, él, acompañado de su esposa, estaba dando charlas para dar a conocer el proyecto. Ella, musulmana de origen estadounidense parecida a Natalie Portman pero rubia, cuenta que se dirigió hacia un grupo de gente que estaba afuera del centro donde tenía lugar la charla. Ellos se habían reunido para protestar en contra del proyecto y al verla no supieron que se trataba de la esposa de El-Gamal. Pensaron que se trataba de una estadounidense más de las que estaba en contra del proyecto. La pobre chica tuvo que regresar enseguida con lágrimas en los ojos porque se estaban lanzando toda clase de improperios en contra de los musulmanes. Lo que quiero decir con este ejemplo es que algunitos creen ingenuamente que todos los blancos y rubios tienen que ser cristianos.
Tras el atentado de Breivik me doy cuenta de que existe un peligro latente y en Europa la prensa conservativa contribuye a que la gente se convenza de que existe una amenaza proveniente del islam. No podemos negar que hay fundamentalistas islámicos (yo viví en Clausthal con algunos marroquíes que tenían como héroes a Mohammed Ata y Osama Bin Laden) pero Breivik nos ha demostrado que también existen fundamentalistas cristianos. Los extremos siempre son malos. La diferencia entre los atentados del 9/11 y el de Utoya es que a partir de este último no va a ver controles excesivos en los aeoropuertos para gente que luzca como Breivik, tal como sucedió a raiz del 11 de Septiembre. Qué pena, ¿no?
Como decía, el rol de los medios de circulación masiva es de suma responsabilidad. Aquí en Alemania Die Welt (y seguramente otros medios de los que no tengo mayor conocimiento) promueven el racismo y la intolerancia manipulando la información y tratando de hacer creer a las masas que la culpa de todos los males en este país la tienen los extranjeros. Eso es irresponsable y sumamente peligroso y vuelvo y repito, pareciera que nadie está haciendo algo en contra de eso. ¿No digo? Mi amigo, ingeniero de profesión, una persona sumamente culta que a simple vista aparenta ser racional y tolerante, lee siempre Die Welt. Hijo mío: después de leer las mismas mentiras una y otra vez vas a comenzar a creer que son verdad. HÖR DAMIT AUF!

Comentarios
recuerda que la mayoria de los medios americanos y europeos son de un mismo dueño, la gran corporacion viacom, de rupert murdoch, tacitamente se tiene una linea editorial en contra de los marginales, por ellos creen en la unica raza, cuando les conviene