Lo que siento

Esta es una historia, ay Dios, ¿cómo contarla? Es que me parece tan absurda, incluso infantil. Ya no recuerdo cuándo fue la primera vez que lo vi. Debe haber sido como hace un año. Definitivamente el tiempo pasa volando. Me parece que fue en el pasillo al entrar al edificio donde trabajo, mi palacio de cristal, mi querido iglú. Me llamó la atención porque me miró fijamente a los ojos mientras pasé por su lado. “¿Y este bombón de dónde salió?”, pensé. Así comenzó todo. 

Desde ese entonces nuestros encuentros fueron similares. Me lo topaba un día en el pasillo, otro día en el comedor, otro día en el ascensor. Trabajábamos en el mismo lado del edificio, por eso coincidíamos en el ascensor. Él al 7° piso, yo al 6°. Un día en pleno verano organizaron una parrillada en la empresa para ver el partido Alemania-Ghana. Él estaba ahí. Tan lindo él, como siempre, con su camisa blanca de manga larga y su pantalón oscuro de tela que le quedaba tan bien. Terminó el partido y quería dirigirme a la estación de metro para irme a la casa. Vi que él hizo lo mismo. Resulta que nos tocaba tomar el mismo metro. Meses después me enteré de que vivía cerca de mi casa. Coincidencias en Pascuales. 

Decía que toda esta historia me parece absurda porque todo el tiempo, todos estos meses, no fui capaz de hablarle. Las únicas palabras que logramos intercambiar fueron “Hallo”, “Moin”, “Hi”. Nada más. Pero algo había ahí. Yo lo podía percibir. Siempre que me veía, sentía su atracción hacia mí. De más está decir que a mí él me encantaba. Varias veces incluso soñé con él. En los primeros sueños tampoco le hablaba (¡qué vaina!). En los posteriores lograba vencer mi timidez. Me parece que la última vez que le soñé él tomaba mi mano y la besaba mientras conducía, ya no recuerdo a dónde nos íbamos.

Ya que nunca le hablé nunca supe si estaba casado, si tenía novia. Sigo sin saberlo. Asumo que está soltero porque dos veces lo vi en la Schanze, el barrio que frecuento cuando salgo a divertirme. Las dos veces lo vi con damas diferentes. Primero una rubia. Luego una pelirroja. La primera vez no me vio. La segunda vez nos lo topamos en un bar cuando mis colegas y yo salimos juntos después del trabajo para ver el clásico de Hamburgo HSV contra St. Pauli. Cuando se dio cuenta de que yo estaba en el grupo me sonrió picaronamente como queriendo decirme “¡Lo siento! Ich kann nichts dafür!” ¡Sinvergüenza!
Eso me hizo llegar a la conclusión de que está buscando pareja. Pero nunca me atreví a preguntar. Sigo sin saberlo. 

Llegó el viernes 18 de marzo. Yo tenía pensado como de costumbre irme al gimnasio después del trabajo. Pero la noche anterior no pude dormir bien (el insomnio, mi compañero inseparable :s ). Ese viernes íbamos a celebrar la despedida de un colega que se iba a la India a trabajar durante 6 meses. Por eso decidí mejor irme a casa a descansar un poco antes de salir a farrear. Me fui a la estación de metro. Minutos después llegó mi tren. Estaba a punto de entrar al vagón cuando dos personas se me acercaron por detrás y preguntaron si ese tren iba al centro de la ciudad. “No. Este se va para el norte”, les dije. En eso llega él, me mira de pies a cabeza y entra al vagón. ¡Ay Dios! La pareja no me entendió bien: “¿Qué tren tenemos que tomar?”. Ay, caramba. Al final traté de volver a explicarles y subí presurosa al tren que estaba a punto de partir. Él ya se había sentado. Yo pasé por su lado buscando asiento pero, al ver que no había otros asientos libres, opté por sentarme a su lado. Oh mein Gott! El corazón se me salía por la boca. Pensaba dentro de mí: “¡Esta es tu oportunidad! ¡Háblale de una buena vez! ¡Anda!”. Empecé a pensar qué decirle. Pensé preguntarle en qué departamento trabajaba (cosa que ya hace tiempo había averiguado) o decirle “tú también vives por Barmbek, ¿no?”, hecha la boba. Pero el corazón me latía cada vez más fuerte. Segundos después llegué a la conclusión de que no podía hablarle en esas condiciones. Estaba muy nerviosa. Uf! No, no. Me resigné a que una vez más no le hablaría. Y, como era de esperarse, él tampoco me habló. Pude notar que también estaba nervioso. No se decidía si mirar hacia el frente o mirar por la ventana. Nos acercábamos a Barmbek y no pasaba nada. ¿Qué podía yo hacer? Llegamos finalmente. A los dos nos tocaba cambiar de tren. Yo me quedé sentada un ratito más como esperando su reacción. Entonces él comenzó a ponerse de pie. Antes de hacerlo se inclina hacia mí, me mira a los ojos y me dice todo sonreído “schönes Wochenende!”. OH MEIN GOTT!!! Me quedé estupefacta. Alcancé a contestar timidamente y con voz bajita “dir auch”. Segundos después también cambié de tren. ¡Dios mío! Qué cosas, ¿no? No sabía si reír o llorar. Seguía super nerviosa.

El lunes 4 de abril me enteré que dejó la empresa. No lo podía creer. Se había ido. Oh nein! ¿Por qué? No lo he vuelto a ver desde el viernes aquel. ¡Qué triste me puso su partida! Se fue y no fui capaz de decirle nada. Ni él tampoco. ¡Mentira! Sí lo hizo. Me deseó un bonito fin de semana. Ese fue su adiós. Si hubiera sabido que se iba, que ese día que nos vimos en el tren era su último día, le habría preguntado a dónde se iría. Es muy tarde. Ya no está.

Sergio Sacoto describe increiblemente al pie de la letra lo que siento en esta canción. La escuché y no pude evitar pensar en él. ¿Dónde estás, mi vida?


Quiero reír, llorar, no puedo respirar
Correr a ti y decirte lo que siento
Regalarte mi corazón sin más explicación
Sin dudar más, darte mi aliento


Comienza la noche y las marionetas
se juntan en el vaho de las discotecas
Que combinan sus sonidos urbanos, vanos
Ofreciendo un no sé qué que nos falta a los humanos
Y con ese ritmo absurdo me pongo a andar
Destilándome en violencia, soledad y lujuria
Un delirio arrasador anidando mi interior
Lastimando, creciendo sin medida
Arrebatándome, la vida lentamente va pasando
Frente a mis ojos que están fijos en un vaso de licor
Bendito embrutecedor, martillando mi cabeza
Quitando el blanco y negro y convirtiendo en el color
Y son horas, segundos, minutos, siglos
Desde el último momento en que te vi
Cuando tus ojos se posaron en los míos
Sin luna sin sol, solo silencio entre nosotros

Comentarios

Cubannita ha dicho que…
Holaaaa, tengo que dormir pero no puedo dejar de comentar porque esta historia me ha tocado!

Una vez en Beijig estaba yo en una disco bailando en el escenario, jajaja y veo a lo lejos un chico que me encantó. Yo bailaba y lo miraba pero nunca pensé que se fijaría en mí. Al cabo del rato, cuando vengo a ver, él estaba justo delante mío hablando con sus amigos!!! Pero era una coincidencia. Él ni me miraba ni nada. Yo estaba súper nerviosa y era súper tímida, y no sé cómo (sí sé, tenía unos traguitos de más!) le toqué por el hombro. Y le dije en inglés ¨Hola, de dónde eres?!¨¨De Dinamarca¨, respondió él. Entonces yo, en vez de decir ¨Oh, qué interesante!¨ o algo así por el estilo, dije: ¨Ah, Dinamarca¨, pero sonó como. ¨Bah, Dinamarca¨. jajaja. Él me miró con mala cara, dio media vuelta y siguió hablando con sus amigos. Yo pensaba, Qué TONTA fuiiiii, arghhhhh. Bueno, regresé a mi universidad, y me pasé toda una semana culpándome y quejándome y arrepintiéndome de no haber sido más lanzada....

A la semana siguiente, fui con mis amigos a otra disco en un barrio COMPLETAMENTE distinto (Beijing es inmenso!). Y quién te dice a ti que... el muchacho estaba allí!!! Por poco me da una cosa. Pensé que era el destino porque en serio me había pasado una semana pensando en él!!!

No sabía que hacer, estaba nerviosa.... Bueno, fui y me compré un trago, jajajaja, y lo volcí a tocar, y le solté un ¨Te acuerdas de mí?!!¨ Y él ¨Sí!¨. Y yo: ¨estoy allí con mis amigos, por si te nos quieres unier¨, y me fui, jeje. Al poco rato allí estaba él y... bueno, terminamos besándonos ese día! Jajaja

Pero él solo estaba en Beijing de vacaciones y se iba a los 2 días!!!! Bueno, depsués de eso mantuvimos correspondencia por mucho tiempo, annos. Y una vez él fue a Beijing por mí y todo, peor al verlo la chispa desapareció, y quedamos como amigos. Él sigue en Beijing, jaja. Ahora tiene una novia china!

Pero la verdad que aquella vez el destino lo puso en mi camino! Suerte contigo y tu chico!!!!
Micaela Delgado ha dicho que…
Qué linda historia, Cubanita!
Mira que encontrarse con él en una ciudad tan grande como esa! El destino, el destino.

Y tú ya no estás en Beijing?

Un abrazo!

Micaela

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