Ni chicha ni limonada
A Frank lo conocí en un club un sábado por la noche que salí a bailar con amigas. Apenas entró al club se fijó en mí y no me quitaba los ojos de encima. Resulta que esa clase de cortejo visual sí me llama la atención. Al principio me intimidaba un poco y prefería esquivar la mirada. Una vez avanzada la noche, yo también trataba de mirarlo fijamente a los ojos para demostrarle mi interés. Después de notar que me veía ir y venir y no se atrevía a decirme nada, decidí acercármele:
- ¿Y tú no bailas? - le pregunté.
- No, no sé bailar – contestó sonriendo.
Yo seguí bailando. Luego me fui un rato a tomar aire fresco y me lo topé de nuevo. Ahí nos pusimos a conversar. Me invitó a tomar algo. Fue al bar y me trajo un coctel. Al yo ver que él tomaba solo agua, se lo pregunté y me dijo que no podía tomar alcohol porque estaba con su coche. Seguimos hablando y terminó diciéndome, a estas alturas no sé por qué, que tiene un hijo. Mientras conversábamos yo seguía bailando y trataba de animarlo para que también lo hiciera. Ahí me di cuenta de que en verdad tenía la contextura típica alemana que no accede con flexibilidad a los ritmos de moda. En otras palabras: un tronco para bailar. En fin. Mientras yo bailaba no me sacaba los ojos de encima. Ya se ha había vuelto tarde y decidí que era hora de irse. Me despedí y él preguntó ansioso “¿nos volveremos a ver?”. Esta vez decidí hacer algo diferente. No le di mi número de teléfono. Más bien le pedí el suyo.
La semana siguiente le escribí. Entonces quedamos para salir a tomar un café después del trabajo. Me vino a recoger a la oficina. Dijo que llegaría a las 18:30. Como buen alemán, llegó 5 minutos antes de lo pactado. Una vez abajo me envia un SMS anunciando su llegada:
“Ya llegué. Estoy abajo esperándote. Por si acaso, estoy en un pequeño carro negro”.
Bajo y me topo con que el “pequeño carro negro” era un Porsche. Debo confesar que eso en lugar de sorprenderme positivamente consiguió el efecto contrario. Ahí me di cuenta de que no me gustan los hombres con carrazos, porque por lo general los utilizan para cazar chicas. Hay algunas a las que eso les impresiona sobremanera. A mí ni me va ni mi viene. Incluso creo que más bien me incomoda un poco. En todo caso me pareció cómica la descripción que le daba. Muy modesto el hombre, jaja.
Primera cita: Me llevó a un bar exclusivo que queda en Mittelweg. Como era miércoles no había casi nadie. Dos o tres parejas nada más. No sabía si me invitaría a comer, entonces me puse a revisar el menú para ver qué ofrecían de comer y sobre todo para verificar los precios, a ver si estaban dentro de mi presupuesto. Estuvimos conversando muy amenamente. Me contó más detalles de su vida. Tal como mi adorado tinieblo, está divorciado y tiene un hijo. Me contó algo que me llamó mucho la atención. Dijo que como su ex mujer es una Karrierefrau, después de dar ella a luz fue él quien se encargó de la crianza del bebé, para que ella pudiera seguir trabajando después del parto y así conseguir que la ascendieran tal como lo había planificado. Vaya, vaya. Un hombre emancipado. Me agradó mucho ese detalle, debo recalcar.
Como no le gustó mucho el ambiente en Raven, sugirió que fuéramos a comer a un restaurante italiano en la Zimmerstraße. ¡A mí si me dicen comida, me apunto enseguida! Pasamos una velada muy interesante. Luego me fue a dejar a mi casa. Era un poco incómodo porque no sabía si debía besarlo o no. Como no se prestó la situación para tal cosa, me despedí muy gentilmente agradeciendo la invitación a comer y la interesante velada.
Segunda cita: Quedamos en ir al cine. Por sugerencia mía fuimos a ver “Soul kitchen”. ¡Qué buena! Es una película de Fatih Akin en homenaje a Hamburgo. ¡Es divina! La quiero volver a ver. A él también le encantó la peli. En el cine incluso me agarró la mano. ¡Uyuyuy! Después del cine nos fuimos a tomar algo a un bar muy chévere que queda en Mühlenkamp. Luego de dejarme en mi casa, me escribió un SMS diciendo “Schlaf schön!”. Yo no contesté. ¿Le habrá molestado eso? La verdad es que para ese tiempo yo no estaba mayormente interesada en él. Mi mente todavía estaba ocupada con el tinieblo.
Pasaron algunos días y él no escribía. Llegó el fin de semana. Me mandó un email diciendo que estaba resfriado y que le gustaría reposar, pero que como igual le tocaba estar con su hijo ese finde, seguro “el gordo” no estaría de acuerdo conque él descansara. Yo le contesté deseándole que se mejore y que se diviertiera mucho con “el gordo”. Después de eso no volvió a contestar en días. ¿Será que le molestó que le llamara a su hijo “el gordo”? ¡Pero si él mismo lo había hecho!
Finalmente escribe varios días después. Creo que habían transcurrido casi 2 semanas. Me dijo que estaba super ocupado en el trabajo y que ese finde tendría otra vez a su hijo. Por esa razón sólo tendría chance para salir ese jueves. Yo no le contesté nada, porque la noche anterior no había podido dormir bien y pensé que estaría muy cansada después del trabajo. Una vez en casa me sentía de lo más aburrida. Decidí llamarle. Entonces quedamos en que iría a recogerme ese mismo rato para salir.
Tercera cita: Salimos a comer. Confieso que ya que se trataba de la tercera cita yo ya quería que hiciera algo más, que me besara por ejemplo. Es decir ya estaba yo un poco más interesada (cabe recalcar que a esas alturas ya había decidido olvidar a mi tinieblo). Fuimos a comer al “3 Tageszeiten” en la Mühlenkamp. Yo ya noté que no había la misma química que en las otras dos citas. La velada no fue tan chévere como antes.
Después de comer pedí que me fuera a dejar a la casa porque estaba muy cansada (el insomnio maldito). Efectivamente me condujo a casa. Estuvimos conversando un poco adentro del coche. Luego dijo “bueno…” dándome muestras de que ya quería irse. Nos despedimos de beso en la mejilla y después del beso no moví mi cabeza esperando que me besara. ¡No lo hizo! No quiso besarme. ¡Solo me dio un piquito en la boca y ya! De verdad que me quedé super intrigada. Cuando vi que esa noche no me envió ningún SMS, supe que había muerto el asunto. Chao pescado.
Pasaron los días y efectivamente no volvió a llamar nunca más. Me di cuenta de que se trataba otra vez de lo mismo que ya me había pasado antes. Con Arndt y con Steffen fue casi igualito. Al principio insisten, insisten y yo no quiero nada. Después de que han insistido, cedo un poco pero sigo sin mayor interés. Cuando comienzo ya a interesarme en algo más, se echan para atrás ¡¡¡pero por completo!!! Vaya una a saber por qué. Talvez haya dicho algo que les molestara. Talvez después de salir varias veces conmigo se dan cuenta de que no soy su tipo. O quizás ya no me encuentren tan atractiva como al comienzo. O puede que haya estado saliendo a la par con otra chica y se haya decidido por ella. No sé. En estos casos casi me da igual porque de estos chicos ninguno me gustaba mucho. Además no se trataba de ningún adonis y tampoco respondían al perfil de hombre que busco. Pero igual esta clase de situaciones me da qué pensar. ¿Estaré haciendo algo mal? ¿Qué pasaría si me encuentro con uno que en verdad me guste y luego la cosa no funciona como en estos casos? ¿Estará en mí el problema?
Vaya uno a saber.
- ¿Y tú no bailas? - le pregunté.
- No, no sé bailar – contestó sonriendo.
Yo seguí bailando. Luego me fui un rato a tomar aire fresco y me lo topé de nuevo. Ahí nos pusimos a conversar. Me invitó a tomar algo. Fue al bar y me trajo un coctel. Al yo ver que él tomaba solo agua, se lo pregunté y me dijo que no podía tomar alcohol porque estaba con su coche. Seguimos hablando y terminó diciéndome, a estas alturas no sé por qué, que tiene un hijo. Mientras conversábamos yo seguía bailando y trataba de animarlo para que también lo hiciera. Ahí me di cuenta de que en verdad tenía la contextura típica alemana que no accede con flexibilidad a los ritmos de moda. En otras palabras: un tronco para bailar. En fin. Mientras yo bailaba no me sacaba los ojos de encima. Ya se ha había vuelto tarde y decidí que era hora de irse. Me despedí y él preguntó ansioso “¿nos volveremos a ver?”. Esta vez decidí hacer algo diferente. No le di mi número de teléfono. Más bien le pedí el suyo.
La semana siguiente le escribí. Entonces quedamos para salir a tomar un café después del trabajo. Me vino a recoger a la oficina. Dijo que llegaría a las 18:30. Como buen alemán, llegó 5 minutos antes de lo pactado. Una vez abajo me envia un SMS anunciando su llegada:
“Ya llegué. Estoy abajo esperándote. Por si acaso, estoy en un pequeño carro negro”.
Bajo y me topo con que el “pequeño carro negro” era un Porsche. Debo confesar que eso en lugar de sorprenderme positivamente consiguió el efecto contrario. Ahí me di cuenta de que no me gustan los hombres con carrazos, porque por lo general los utilizan para cazar chicas. Hay algunas a las que eso les impresiona sobremanera. A mí ni me va ni mi viene. Incluso creo que más bien me incomoda un poco. En todo caso me pareció cómica la descripción que le daba. Muy modesto el hombre, jaja.
Primera cita: Me llevó a un bar exclusivo que queda en Mittelweg. Como era miércoles no había casi nadie. Dos o tres parejas nada más. No sabía si me invitaría a comer, entonces me puse a revisar el menú para ver qué ofrecían de comer y sobre todo para verificar los precios, a ver si estaban dentro de mi presupuesto. Estuvimos conversando muy amenamente. Me contó más detalles de su vida. Tal como mi adorado tinieblo, está divorciado y tiene un hijo. Me contó algo que me llamó mucho la atención. Dijo que como su ex mujer es una Karrierefrau, después de dar ella a luz fue él quien se encargó de la crianza del bebé, para que ella pudiera seguir trabajando después del parto y así conseguir que la ascendieran tal como lo había planificado. Vaya, vaya. Un hombre emancipado. Me agradó mucho ese detalle, debo recalcar.
Como no le gustó mucho el ambiente en Raven, sugirió que fuéramos a comer a un restaurante italiano en la Zimmerstraße. ¡A mí si me dicen comida, me apunto enseguida! Pasamos una velada muy interesante. Luego me fue a dejar a mi casa. Era un poco incómodo porque no sabía si debía besarlo o no. Como no se prestó la situación para tal cosa, me despedí muy gentilmente agradeciendo la invitación a comer y la interesante velada.
Segunda cita: Quedamos en ir al cine. Por sugerencia mía fuimos a ver “Soul kitchen”. ¡Qué buena! Es una película de Fatih Akin en homenaje a Hamburgo. ¡Es divina! La quiero volver a ver. A él también le encantó la peli. En el cine incluso me agarró la mano. ¡Uyuyuy! Después del cine nos fuimos a tomar algo a un bar muy chévere que queda en Mühlenkamp. Luego de dejarme en mi casa, me escribió un SMS diciendo “Schlaf schön!”. Yo no contesté. ¿Le habrá molestado eso? La verdad es que para ese tiempo yo no estaba mayormente interesada en él. Mi mente todavía estaba ocupada con el tinieblo.
Pasaron algunos días y él no escribía. Llegó el fin de semana. Me mandó un email diciendo que estaba resfriado y que le gustaría reposar, pero que como igual le tocaba estar con su hijo ese finde, seguro “el gordo” no estaría de acuerdo conque él descansara. Yo le contesté deseándole que se mejore y que se diviertiera mucho con “el gordo”. Después de eso no volvió a contestar en días. ¿Será que le molestó que le llamara a su hijo “el gordo”? ¡Pero si él mismo lo había hecho!
Finalmente escribe varios días después. Creo que habían transcurrido casi 2 semanas. Me dijo que estaba super ocupado en el trabajo y que ese finde tendría otra vez a su hijo. Por esa razón sólo tendría chance para salir ese jueves. Yo no le contesté nada, porque la noche anterior no había podido dormir bien y pensé que estaría muy cansada después del trabajo. Una vez en casa me sentía de lo más aburrida. Decidí llamarle. Entonces quedamos en que iría a recogerme ese mismo rato para salir.
Tercera cita: Salimos a comer. Confieso que ya que se trataba de la tercera cita yo ya quería que hiciera algo más, que me besara por ejemplo. Es decir ya estaba yo un poco más interesada (cabe recalcar que a esas alturas ya había decidido olvidar a mi tinieblo). Fuimos a comer al “3 Tageszeiten” en la Mühlenkamp. Yo ya noté que no había la misma química que en las otras dos citas. La velada no fue tan chévere como antes.
Después de comer pedí que me fuera a dejar a la casa porque estaba muy cansada (el insomnio maldito). Efectivamente me condujo a casa. Estuvimos conversando un poco adentro del coche. Luego dijo “bueno…” dándome muestras de que ya quería irse. Nos despedimos de beso en la mejilla y después del beso no moví mi cabeza esperando que me besara. ¡No lo hizo! No quiso besarme. ¡Solo me dio un piquito en la boca y ya! De verdad que me quedé super intrigada. Cuando vi que esa noche no me envió ningún SMS, supe que había muerto el asunto. Chao pescado.
Pasaron los días y efectivamente no volvió a llamar nunca más. Me di cuenta de que se trataba otra vez de lo mismo que ya me había pasado antes. Con Arndt y con Steffen fue casi igualito. Al principio insisten, insisten y yo no quiero nada. Después de que han insistido, cedo un poco pero sigo sin mayor interés. Cuando comienzo ya a interesarme en algo más, se echan para atrás ¡¡¡pero por completo!!! Vaya una a saber por qué. Talvez haya dicho algo que les molestara. Talvez después de salir varias veces conmigo se dan cuenta de que no soy su tipo. O quizás ya no me encuentren tan atractiva como al comienzo. O puede que haya estado saliendo a la par con otra chica y se haya decidido por ella. No sé. En estos casos casi me da igual porque de estos chicos ninguno me gustaba mucho. Además no se trataba de ningún adonis y tampoco respondían al perfil de hombre que busco. Pero igual esta clase de situaciones me da qué pensar. ¿Estaré haciendo algo mal? ¿Qué pasaría si me encuentro con uno que en verdad me guste y luego la cosa no funciona como en estos casos? ¿Estará en mí el problema?
Vaya uno a saber.

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