Alle Jahre wieder
Este fin de semana se celebró en Hamburgo el cumpleaños del puerto. Ese man ha sabido cumplir años casi igual que yo. Para esas fechas del viernes al domingo se organizan todo tipo de eventos al pie del río Elbe. Das ist das größte Hafenfest der Welt, dicen. Es de imaginarse no más cómo se llena esa vaina! Harshta gente! A mí en lo particular no me gusta mucho cuando hay mucha gente, pero al final sí caí por ahí el sábado porque tenía visita de Colonia y qué mejor para mostrar la ciudad que irse al puerto a dar una vueltita de popularidad. Las Erikas y Peter vinieron hasta Hamburgo para celebrar mi cumple. La pasamos super.

El clima acompañó. Hizo muy buen tiempo. A mí me hubiera gustado irme a echar a la playa de Övelgönne (foto de arriba) a pasar un poco los estragos de la parranda de la noche anterior, pero mis huéspedes querían turistear. Entonces me conformé con hacer un pequeña vuelta en el ferry no más. Como en el puerto estaba planificado el ballet de las lanchitas (“Schlepperballet”) cerraron el muelle de Landungsbrücken y no pudimos regresar. Nos tocó bajarnos en el muelle del Fischmarkt.
De ahí a pata hasta Landungsbrücken. Nos hicimos un par de horas hasta llegar al punto de partida y no es porque esté muy lejos sino que decidimos ir por el malecón donde están todos los puestitos de venta de comidas, artesanías y cualquier cantidad de pendejaditas, como por ejemplo “inscriba su nombre en un granito de arroz” y así por el estilo. Incluso encontramos churros, oígame! Qué delicia! Después de tanto caminar tomamos un descansito en el césped. Ya cuando finalmente quisimos tomar el tren en Landungsbrücken para ir al ayuntamiento, parada fija de todo turista que viene a Hamburgo, no pudimos porque habían cerrado la estación del tren también.
Había demasiada gente y la policía temía que los puentes peatonales que conectan el malecón con los andenes colapsaran. Nos tocó irnos a pie hasta la próxima estación de tren: Sankt Pauli. Por eso pasamos por la famosa iglesia de San Miguel (St. Michel).
Ya al final era muy tarde o era que estábamos muy cansados y decidimos mejor regresar a casita para poder recuperarnos un poco y así salir por la noche.
Estuve a punto de sugerir irnos a tomar unas chelitas en mi adorada Schulterblatt. Por suerte no cedí a la tentación y preferí llevarlos a la Reeperbahn, nuestra “red street light”. Esa es otra de las paradas obligatorias si se llega a Hamburgo. Cuánta cantidad de gente, Diocito! Estuvimos primero en un bar latino para calentar motores. Luego de la primera cerveza fue que me animé y les dije “ahora nos vamos al Pudel, he dicho!". Como mis huéspedes no tenían idea de lo que les esperaba, accedieron no más. Jiji!
Hamburgo es una ciudad de contrastes. Escuché alguna vez decir que aquí 1 de cada 100 habitantes es millonario. Es una ciudad con mucha plata. Pero así mismo hay una muy bien arraigada escena “underground”. En el puerto se puede apreciar este contraste del que hablo. Hay unas mansiones super bonitas al pie de Elbchaussee. Pero si uno se va desde Hans-Albers-Platz hasta el puerto por una escalinata (la famosa Balduintreppe) se ve a los punkeros chupando en el suelo y los “dealers” practicamente se te echan encima con “Do you want some weed? Do you?”.
Este es el corazón de la Hafenstrasse donde los anarcos se han posesionado de algunas casas, así como así. Esta vez no nos tocó esquivar dealers, pero tuvimos que hacer malabares para pasar por encima de los cadáveres alcoholizados (ya era la 1 de la mañana también). Abajo seguía la fiesta de cumple del puerto. Habían organizado muchos raves. Tarimita por aquí, tarimita por allá y un olor a marihuana... Finalmente dimos con el Pudel.
Este club luce bastante hecho pedazos (verrottet), pero la música electrónica que ponen es super chévere. Ahí nos quedamos bailando el resto de la noche.
Una de las razones para ir al Pudel fue la esperanza de toparme a Frank, el practicante. Recuerdo que la noche que estuvimos juntos me confesó (para él era una confesión prohibida, ay de mí si se lo contaba a alguien!) que el día siguiente pondría la música no sé qué DJ super pero super famosísimo de quien logicamente ya no recuerdo el nombre. No debía decírselo a nadie ya que era un secreto entre unos cuantos privilegiados no más, y si mucha gente se enteraba el Pudel hubiera estado a reventar (es que es chiquitito también este club). Qué risa me dio que él pensara que yo fuera capaz de contarle semejante tontera a alguien. Como era de esperarse no lo encontré este sábado, pero el personal estaba muy interesante igual. Es raro, pero los gustos a uno le cambian con el tiempo. No hubiera pensado convertirme en fan de este tipo de música (a la música me refería cuando hablaba de los gustos, por si aca...).
El clima acompañó. Hizo muy buen tiempo. A mí me hubiera gustado irme a echar a la playa de Övelgönne (foto de arriba) a pasar un poco los estragos de la parranda de la noche anterior, pero mis huéspedes querían turistear. Entonces me conformé con hacer un pequeña vuelta en el ferry no más. Como en el puerto estaba planificado el ballet de las lanchitas (“Schlepperballet”) cerraron el muelle de Landungsbrücken y no pudimos regresar. Nos tocó bajarnos en el muelle del Fischmarkt.
De ahí a pata hasta Landungsbrücken. Nos hicimos un par de horas hasta llegar al punto de partida y no es porque esté muy lejos sino que decidimos ir por el malecón donde están todos los puestitos de venta de comidas, artesanías y cualquier cantidad de pendejaditas, como por ejemplo “inscriba su nombre en un granito de arroz” y así por el estilo. Incluso encontramos churros, oígame! Qué delicia! Después de tanto caminar tomamos un descansito en el césped. Ya cuando finalmente quisimos tomar el tren en Landungsbrücken para ir al ayuntamiento, parada fija de todo turista que viene a Hamburgo, no pudimos porque habían cerrado la estación del tren también.
Había demasiada gente y la policía temía que los puentes peatonales que conectan el malecón con los andenes colapsaran. Nos tocó irnos a pie hasta la próxima estación de tren: Sankt Pauli. Por eso pasamos por la famosa iglesia de San Miguel (St. Michel). Estuve a punto de sugerir irnos a tomar unas chelitas en mi adorada Schulterblatt. Por suerte no cedí a la tentación y preferí llevarlos a la Reeperbahn, nuestra “red street light”. Esa es otra de las paradas obligatorias si se llega a Hamburgo. Cuánta cantidad de gente, Diocito! Estuvimos primero en un bar latino para calentar motores. Luego de la primera cerveza fue que me animé y les dije “ahora nos vamos al Pudel, he dicho!". Como mis huéspedes no tenían idea de lo que les esperaba, accedieron no más. Jiji!
Hamburgo es una ciudad de contrastes. Escuché alguna vez decir que aquí 1 de cada 100 habitantes es millonario. Es una ciudad con mucha plata. Pero así mismo hay una muy bien arraigada escena “underground”. En el puerto se puede apreciar este contraste del que hablo. Hay unas mansiones super bonitas al pie de Elbchaussee. Pero si uno se va desde Hans-Albers-Platz hasta el puerto por una escalinata (la famosa Balduintreppe) se ve a los punkeros chupando en el suelo y los “dealers” practicamente se te echan encima con “Do you want some weed? Do you?”.
Este club luce bastante hecho pedazos (verrottet), pero la música electrónica que ponen es super chévere. Ahí nos quedamos bailando el resto de la noche. Una de las razones para ir al Pudel fue la esperanza de toparme a Frank, el practicante. Recuerdo que la noche que estuvimos juntos me confesó (para él era una confesión prohibida, ay de mí si se lo contaba a alguien!) que el día siguiente pondría la música no sé qué DJ super pero super famosísimo de quien logicamente ya no recuerdo el nombre. No debía decírselo a nadie ya que era un secreto entre unos cuantos privilegiados no más, y si mucha gente se enteraba el Pudel hubiera estado a reventar (es que es chiquitito también este club). Qué risa me dio que él pensara que yo fuera capaz de contarle semejante tontera a alguien. Como era de esperarse no lo encontré este sábado, pero el personal estaba muy interesante igual. Es raro, pero los gustos a uno le cambian con el tiempo. No hubiera pensado convertirme en fan de este tipo de música (a la música me refería cuando hablaba de los gustos, por si aca...).

Comentarios
el dia viernes por Diego me entre que era tu cumpleaños pero por problemas tecnicos no tuve la posibilidad de felicitarte antes...
Espero que cuando estes por Ecuador podamos tomar una bielitas...
La pasé super el día viernes. Armé mi fiestita en la casa con mis amigos. Hicimos música también. Hacía tiempo que no celebraba mi cumple por todo lo alto. Es altamente recomendable.
Un abrazo a la distancia!
Micaela
LOLA CIENFUEGOS