Necia como el burro
Se supone que la decisión ya estaba tomada. Después de que el traumatólogo me dijera que dejara de correr por un tiempo para sanar mi rodilla derecha, las chances estaban 50-50 de correr o no la maratón. Me tomé un pausa mientras tomaba los analgésicos que me recetaron. Después de esa pausa corrí muy poco. Noté que el dolor persistía.
Pero más que dolerme la rodilla lo que me dolía era no tomar parte del evento el 26 de abril. La idea de no estar junto a todos los corredores (el año pasado fueron 23.000) el domingo a las 9:00 en la Reeperbahn esperando el campanazo inicial me partía el corazón. Supongo que esto ya se había convertido en un capricho más que otra cosa. De los dientes para afuera dije ya hace varios días que no voy a correrla. Pero fue recién ayer que envié la carta renunciando a participar. Les cuento por qué.
El sábado me compré zapatos nuevos para correr. Mi doctor me quería matar cuando le conté que no he cambiado de zapatos desde hace dos años. Él dice que deben cambiarse después de correr aprox. 1000km. Yo asumo que he sobrepasado los 1000km ya hace algunos meses. En fin. Decidí estrenar el nuevo par el lunes santo. Estaba haciendo tan buen tiempo que me entusiasmé y corrí 22km (tres vueltas al Alster) como queriendo demostrarme que sí puedo. Era la última chance que tenía para ver si existía una mínima posibilidad de correr la maratón. Claro que pude hacer las tres vueltas. Ese no fue el problema. Lo malo fue que por la noche no pude pegar un ojo. Estuve toda la noche acostada, con los ojos cerrados, pero más que despierta. Mi cuerpo se estaba revelando ante mis deseos de seguir en las mismas andadas. El problema fue volver a correr de golpe y porrazo semejante distancia, cuando estas últimas semanas sólo había corrido 8 km por semana como para no perder la costumbre. Se creería que después de quedar uno molido por tal esfuerzo se podría dormir mejor. En mi caso normalmente ocurre todo lo contrario. Mi compañera de cuarto se reía al contarle mi problema. “Das ist typisch Micaela!”.
Ayer fui al correo y entregué la carta con la anulación de mi inscripción. Mejor no meterse en camisa de once varas. Esperaré a que se sane la rodilla y veré si corro la maratón en Berlín que es en septiembre. O la triatlón a fines de julio, jeje. Después de haber bicicleteado tanto este feriado me imaginaba que sería hacer la triatlón aquí en Hamburgo.
No creo ser capaz de avivar a los corredores a un lado de la pista. Se me salen las lágrimas al ver el video de la maratón del año pasado. Soy una llorona de primera, no hay nada que hacer.
Pero más que dolerme la rodilla lo que me dolía era no tomar parte del evento el 26 de abril. La idea de no estar junto a todos los corredores (el año pasado fueron 23.000) el domingo a las 9:00 en la Reeperbahn esperando el campanazo inicial me partía el corazón. Supongo que esto ya se había convertido en un capricho más que otra cosa. De los dientes para afuera dije ya hace varios días que no voy a correrla. Pero fue recién ayer que envié la carta renunciando a participar. Les cuento por qué.
El sábado me compré zapatos nuevos para correr. Mi doctor me quería matar cuando le conté que no he cambiado de zapatos desde hace dos años. Él dice que deben cambiarse después de correr aprox. 1000km. Yo asumo que he sobrepasado los 1000km ya hace algunos meses. En fin. Decidí estrenar el nuevo par el lunes santo. Estaba haciendo tan buen tiempo que me entusiasmé y corrí 22km (tres vueltas al Alster) como queriendo demostrarme que sí puedo. Era la última chance que tenía para ver si existía una mínima posibilidad de correr la maratón. Claro que pude hacer las tres vueltas. Ese no fue el problema. Lo malo fue que por la noche no pude pegar un ojo. Estuve toda la noche acostada, con los ojos cerrados, pero más que despierta. Mi cuerpo se estaba revelando ante mis deseos de seguir en las mismas andadas. El problema fue volver a correr de golpe y porrazo semejante distancia, cuando estas últimas semanas sólo había corrido 8 km por semana como para no perder la costumbre. Se creería que después de quedar uno molido por tal esfuerzo se podría dormir mejor. En mi caso normalmente ocurre todo lo contrario. Mi compañera de cuarto se reía al contarle mi problema. “Das ist typisch Micaela!”.
Ayer fui al correo y entregué la carta con la anulación de mi inscripción. Mejor no meterse en camisa de once varas. Esperaré a que se sane la rodilla y veré si corro la maratón en Berlín que es en septiembre. O la triatlón a fines de julio, jeje. Después de haber bicicleteado tanto este feriado me imaginaba que sería hacer la triatlón aquí en Hamburgo.
No creo ser capaz de avivar a los corredores a un lado de la pista. Se me salen las lágrimas al ver el video de la maratón del año pasado. Soy una llorona de primera, no hay nada que hacer.

Comentarios
Que tu dolencia fisica mejore lo mas pronto.
Dios te bendiga por siempre.
Atte,
Conspicuo08.
Un abrazo grande!
Micaela
saludos
LORDS
Un abrazo!
Micaela
Un abrazo! Se te quiere mucho!
Micaela
Triatlón!!! waaauu!!! participa en el ironman!!
Un abrazo!
Micaela