Conductor designado

Yo siempre machaco con ese asunto cuando estoy de vaca por estos lares. Cuando salimos a parrandear con mis hermanas en Guayaquil hasta caigo mal por estar siempre con la cantaleta de "una de nosotras tiene que dejar de beber para conducir esta noche". Como casi siempre resulta que ninguna se apunta, asumo yo la posta. En Alemania me he dado cuenta de que la gente se toma muy al pie de la letra esta responsabilidad. Si van a conducir no consumen alcohol. A veces ni siquiera una bielita que es el mínimo permitido. En Hamburgo, dadas las comodidades que nos brinda el servicio público de transportes, siempre que salgo uso el metro o el bus (eso también resulta muy práctico debido a la escasez de parqueo y al pequeño detalle de que no tengo ni carro ni permiso de conducir alemán ;) ).

El viernes pasado fue el Vergara Fest en la Atarazana (evento que por cierto, me cuentan, se organiza cada año y yo recién me entero). Estuvo muy bueno (la banda más novedosa fue la de Paolo, jeje; también encontré cantando después de mil años al vocalista de Arkana). En el calor de la noche nos tomamos unas cuantas bielitas. Sí. Yo incluida. Aunque en un comienzo dije que asumiría el rol de conductora designada no pude evitar la tentanción de tomarme más de una bielita (y eso que llegamos tarde después de que se acabaron las conquer que habían ofrecido for free). Hasta acepté un poco de Trópico que me brindó un pana por ahí.

De regreso a caleta por el puente pude notar los efectos del exceso de alcohol. No pasó nada malo, pero sentí cargo de conciencia por haber faltado a mi palabra y a mi responsabilidad. :(

La próxima vez me va a tocar salir en taxi porque, como dije, es difícil encontrar en mi círculo de compinches un conductor designado que cumpla a su palabra.

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